Sichel comenzó a maquillarse

Le cambió el nombre al conglomerado de derecha, se quiere vestir “de centro”, apunta a desprenderse de Piñera, a pesar de que es su candidato. Elude verse como el favorito de los empresarios y apuesta por perfil de emprendedor, de persona de la clase media.

Gonzalo Magueda. Periodista. “El Siglo”. 20/08/2021. Este día el conglomerado de derecha se cambió el nombre. De “Chile Vamos” pasó a “Chile Podemos+”. Son lo mismo, pero con otra marca.

Es el inicio de la estrategia del candidato conservador, Sebastián Sichel, de maquillarse, desfigurar su real rostro, mostrar un retrato que oculta su auténtico perfil y, paradójicamente, presentarlo no como representante de la derecha. “Estamos con un cambio importante de identidad”, reconoció el presidente de Renovación Nacional (RN), Francisco Chahuán.

Como se sabía, Sichel y su equipo querían cambiar la marca desacreditada y desgastada de la derecha, pero es sólo la marca. Porque quienes apoyan al candidato presidencial son las mismas colectividades de siempre de la derecha: la ultra conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN), Evolución Política (Evopoli) y el PRI.

Ahora con la marca “Chile Podemos+”, Sebastián Sichel inició su maquillaje destinado a buscar votos para sacar a su sector de los 20 puntos y avanzar hacia, por lo menos, los 30 puntos que lo pondrían en mejor situación en la primera vuelta presidencial.

Algunas claves de este cambalache son:

-Mostrarse como un candidato “de centro”, no de derecha. Cuando mucho usar la terminología “centro-derecha”. Eso apunta a un electorado definido, donde hay segmentos de la Democracia Cristiana e independientes.

-Desprenderse del Presidente Sebastián Piñera, con la contradicción fundamental de que Sichel es el candidato de Piñera, fue su ministro de Desarrollo Social, coinciden en la táctica “de centro”, comparten las tesis programáticas del actual Gobierno y son amigos políticos. Sichel es un personaje del piñerismo.

-Desvincularse comunicacional y propagandísticamente del hecho que es el candidato del sector empresarial, mostrándose como emprendedor, alguien de clase media, socialmente junto a la mayoría de la población, cuando el escenario está lleno de declaraciones y análisis donde los representantes de los gremios empresariales, de los grupos financieros y del poder económico le dieron su respaldo y confianza.

-Verse desprendido del pinochetismo, del sector duro de la derecha, “del pasado”, lo que ya le creó problemas con bases militantes, dirigentes y legisladores de la UDI y RN, muchos de los cuales anunciaron votar por el ultraderechista José Antonio Kast.

-Levantar la palabra “libertad” para mostrarse abierto y plural, y salirle al paso a la izquierda y a los socialdemócratas, pintándose de liberal.

-Mostrarse como representante de los jóvenes, del cambio general, en su sector y a nivel de representación política, un camino que siguen otras candidaturas en esa idea de cambio de generación, desechando a los grupos mayores de 50 años.

En todo este diseño, la materia prima del maquillaje de Sebastián Sichel son los medios de comunicación, cuyos dueños y directivos pertenecen a la derecha política y económica, y que están decididos a parar el posible triunfo de la izquierda, sobre todo. Se sabe de reuniones de pauta, privadas y con personeros políticos y empresariales, donde quienes manejan los medios, están por respaldar a Sichel, lo cual lo vincula, además, al poder mediático conservador.

Claro que mucho de este maquillaje tendrá que ver en cómo las fuerzas progresistas, socialdemócratas y de izquierda lo encaran en campaña, y consiguen mostrarlo tal como es y transparentar lo que representa. Que se caiga el nuevo maquillaje de Sichel, dependerá mucho de la oposición.

Esto de los cambalaches no es nuevo en Sebastián Sichel. Militó en la Democracia Cristiana, liego pasó por Ciudadanos, se acercó a Renovación Nacional, se comprometió con Sebastián Piñera y ahora se autoreivindica como independiente.

Aparecen en estas semanas situaciones elocuentes, en todo caso, respecto de dónde está y qué representa, donde se le hace más ineludible que es, ciertamente, en el candidato de la derecha y de la posible continuidad de un Gobierno de derecha, dirigido por Piñera.

Este ex ministro piñerista rechazó en todo momento la revuelta social de 2019 y fue crítico con las manifestaciones masivas. Incluso hasta hoy, cuando en referencia negativa a las y los ciudadanos movilizados, declaró que «estamos aquí para los que más necesitan, y no para los que más gritan”.

Sichel tiene una postura dura de rechazo al cuarto retiro desde los fondos de las AFP, se le sumaron notorios representantes del poder económico como Juan José Santa Cruz, el empresario Jorge Errazuriz y Rafael Guilisasti, apoya a las Isapres y la educación privada, ha reiterado su respaldo al modelo económico vigente, está con los convencionales de la derecha en el desarrollo de la Convención Constitucional, desaprueba la solución política al caso de cientos de presas y presos políticos por la revuelta social, y la propia alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei apuntó que Sichel es “el candidato de los empresarios, de Libertad y Desarrollo (Instituto de la UDI), y de políticos que no quieren perder poder”.

El candidato de la derecha tiene, además, ligas con sectores ultra religiosos del Opus Dei, como el empresario Fernando Agüero, con ex DC ahora ubicados en la derecha, como Mariana Aylwin, con políticos ultraconservadores como el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, y en varios artículos aparece vinculado a respaldar la explotación privada del litio, labor que está en manos principalmente de Soquimich y Julio Ponce Lerou.

Muchas contradicciones entre el perfil que quiere instalar y la realidad de los hechos, en un cuadro donde probablemente las cosas queden más claras, una vez que se conozca su programa de Gobierno que ya preparan expertos y dirigentes de la derecha política y económica.

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