Raúl Castro, en sus 90 años

Reconocimientos al líder revolucionario cubano y a su trayectoria rebelde.

“Granma”. Juan Antonio Borrego.”Cubadebate”. La Habana. 03/06/2021. Varios líderes mundiales han felicitado este jueves al General de Ejército, Raúl Castro Ruz, con motivo de su 90 cumpleaños.

Expresiones de respeto y elogio a la trayectoria política «del mejor discípulo de Fidel» han respaldado los mensajes del mandatario ruso Vladimir Putin, el venezolano Nicolás Maduro, y también los del patriarca de Moscú y toda Rusia, Kiril.

«Es un ejemplo de patriotismo, valentía, firmeza y sabiduría para gobernar», se escribió en la misiva, expuesta en el sitio oficial del Kremlin, para referirse a Raúl como un líder emblemático, cuyo ejemplo trasciende las fronteras de la nación cubana.

Asimismo Putin significó: «Los acontecimientos clave de la historia reciente de Cuba están indisolublemente ligados a su nombre». «Habiendo dedicado toda su vida a proteger los intereses de su país natal y a luchar por la justicia social, usted se ha convertido legítimamente en un ejemplo de patriotismo, coraje, fortaleza y habilidad política», agregó el jefe de estado ruso.

Por su parte, el patriarca de Moscú y toda Rusia, Kiril, también felicitó al líder revolucionario cubano y destacó que su vida es un ejemplo de servicio a la patria.

«El trabajo y los esfuerzos de usted por el desarrollo de la Isla de la Libertad, la protección de la soberanía de Cuba y la elevación del nivel de vida de los ciudadanos gozaron del apoyo del pueblo», manifestó el patriarca.

De igual modo, Kiril agradeció al Raúl por su apoyo personal en la celebración de su encuentro en La Habana con el papa Francisco y recordó que estuvo dirigiendo «exitosamente» a Cuba durante quince años, después de que su hermano, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, dejara la presidencia.

De acuerdo con Telesur, en la jornada el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, también envió su mensaje de felicitación para el General de Ejército.

«Extiendo mi abrazo, cargado de profundo amor y gratitud, al General Raúl Castro Ruz. Cuán valioso es para los pueblos del mundo, poder contar con tu sabiduría y ejemplo inquebrantable de consagración por las causas justas de la humanidad», comentó el mandatario venezolano en un mensaje de la red social Twitter.

La Asociación de Cubanos Residentes en México José Martí, con el Apoyo del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, el Movimiento Proletario Independiente y la embajada de Cuba en esa nación, encabezada por Pedro Núñez Mosquera, también enviaron sus felicitaciones a Raúl.

Desde Santiago de Chile, el Partido Comunista hizo llegar los saludos por los 90 años de Raúl Castro Ruz.

El mambí que sigue con el pie en el estribo

Cuando el 26 de julio de 1953 Raúl Castro le quitó la pistola al jefe de la patrulla que intentó hacerlo prisionero en la Audiencia de Santiago de Cuba, encañonó a quienes hasta ese momento eran sus captores, y en menos de un segundo cambió radicalmente el rumbo de la enmarañada película que estaba viviendo, no solo salvó su vida y la de sus compañeros, sino también un pedazo de la Revolución que había comenzado a gestarse aquel mismo día.

Dicen que la rebeldía le había brotado mucho antes en Birán, cuando por mandato de su padre le tocó poner orden, primero en el bar y luego en la valla de gallos finos, o cuando juró ajustarle cuentas a aquel boxeador de barrio que había derrotado a su hermano en una pelea mal planificada.

De su fidelidad y de su servicio a la patria habló Fidel en ocasión del 1er. Congreso, cuando recordó que en el Partido y en la Revolución «no puede existir, ni existirá jamás el familiarismo», pero sucede que a veces «dos cuadros se juntan», y en este caso Raúl, además de un extraordinario cuadro, era su hermano.

Algo muy parecido acaba de recordarnos el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel, al asumir el cargo de Primer Secretario del Partido, ocasión en la que evocó el inconmensurable aporte de Raúl a la Revolución, desde el Moncada y la Sierra hasta el proceso de continuidad que él preparó, condujo y lideró, siempre desde los territorios de la fidelidad y de la modestia.

Fue el mismo altruismo que describió Nikolái Leónov cuando comenzó a hilvanar su biografía Raúl Castro, un hombre en revolución, y se encontró con un escollo que parecía insalvable para el proyecto literario que se traía entre manos: su héroe, también su amigo, no busca publicidad, «más bien la evita», dijo.

Cuando el derrumbe de la Unión Soviética y la desintegración del campo socialista cayeron como una maldición sobre esta Isla, y los enemigos de siempre comenzaron a frotarse las manos, él no salió a pedir perdón ni a confesarse. Les aseguró a los suyos, como ya había probado en los días luminosos del Segundo Frente, bajo aquellos bombardeos inclementes, que sí se podía; y a la larga tuvo la razón: se pudo y se puede.

No fue la última prueba difícil; todavía faltaban la muerte de Vilma, compañera de todas las batallas, y la enfermedad de Fidel, que lo obligó a asumir los cargos a los que nunca aspiró.

Al frente del país completó un periodo  fecundo, en el cual las carencias y el cerco no le impidieron ver más lejos para emprender la actualización del modelo económico y social cubano, la renegociación de la deuda externa y la promoción de las formas de gestión no estatales; lograr la liberación de los Cinco Héroes  y capitanear las conversaciones y negociaciones con Estados Unidos, y apoyar leyes trascendentales para el país, incluida la conducción del proceso democrático de elaboración de la nueva Constitución de la República.

Ya había hecho lo suficiente como para ganarse el descanso, pero guerrero al fin, les dijo a los cubanos el pasado 16 de abril que mientras viva estará listo y «con el pie en el estribo», una frase que, para su pueblo que lo conoce, no necesita traducción.

Las palabras de Díaz-Canel sobre Raúl

Fragmento del discurso del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en la clausura del 8vo. Congreso del PCC, el 19 de abril de 2021:

El compañero Raúl, quien ha preparado, conducido, liderado este proceso de continuidad generacional con tenacidad, sin apego a cargos y responsabilidades, con elevado sentido del deber y del momento histórico, con serenidad, madurez, confianza, firmeza revolucionaria, con altruismo y modestia, por mérito propio, por legitimidad y porque Cuba lo necesita, será consultado sobre las decisiones estratégicas de mayor peso para el destino de la nación. Estará siempre presente, bien al tanto de todo, combatiendo con energía, aportando ideas y propósitos a la causa revolucionaria, a través de sus consejos, su orientación y su alerta ante cualquier error o deficiencia, presto a enfrentar al imperialismo como el primero con su fusil en la vanguardia del combate.

El General de Ejército continuará presente porque es un referente para cualquier comunista y revolucionario cubano. Raúl, como cariñosamente le llama nuestro pueblo, es el mejor discípulo de Fidel, pero también ha aportado innumerables valores a la ética revolucionaria, a la labor partidista y al perfeccionamiento del Gobierno.

La obra emprendida bajo su liderazgo al frente del país en la última década es colosal. Su legado de resistencia ante las amenazas y agresiones y en la búsqueda del perfeccionamiento de nuestra sociedad es paradigmático.

Asumió la dirección del país en una difícil coyuntura económica y social. En su dimensión de estadista, forjando consenso ha encabezado, impulsado y estimulado profundos y necesarios cambios estructurales y conceptuales como parte del proceso de perfeccionamiento y actualización del modelo económico y social cubano.

Raúl fue capaz de lograr la renegociación de una enorme deuda defendiendo con honestidad y respeto la palabra empeñada y el principio de que la nación honraría sus compromisos con los acreedores, lo cual fortaleció la confianza hacia Cuba.

Con sabiduría condujo el debate que culminó en una trascendental actualización de la Ley Migratoria, impulsó transformaciones en el sector agropecuario, promovió sin prejuicios la ampliación de las formas de gestión del sector no estatal de la economía, la aprobación de una nueva Ley de Inversión Extranjera, la creación de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, la eliminación de trabas para el fortalecimiento de la empresa estatal cubana, las inversiones en el sector turístico, el programa de informatización de la sociedad y el mantenimiento y perfeccionamiento, hasta donde ha sido posible, de nuestras conquistas sociales.

Con paciencia e inteligencia, Raúl logró la liberación de nuestros Cinco Héroes, cumpliéndose así la promesa de Fidel de que volverían.

Ha signado con su estilo una amplia y dinámica actividad en las relaciones exteriores del país. Con firmeza, dignidad y temple dirigió personalmente el proceso de conversaciones y negociaciones que tuvieron como fin el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

Las indudables cualidades de Raúl como estadista, como defensor de la integración latinoamericana, distinguieron de manera especial el periodo de Cuba en la presidencia pro témpore de la Celac. Su legado más importante, la defensa de la unidad dentro de la diversidad, condujo a la declaración de la región como Zona de Paz y contribuyó de manera decisiva a las conversaciones para la paz en Colombia.

Raúl ha defendido como nadie los derechos de los países caribeños y en particular los de Haití en los foros internacionales. Con profundo orgullo, los cubanos escuchamos su voz emocionada y su discurso preciso en la Cumbre de Las Américas en Panamá, donde recordó la verdadera historia de Nuestra América.

Estas realizaciones las condujo mientras enfrentaba la enfermedad y la muerte de su amada compañera de vida y de luchas, nuestra extraordinaria Vilma, con quien compartió la pasión por la Revolución y fundó una hermosa familia. También sufrió en ese periodo la enfermedad y el fallecimiento de su principal referente en la vida revolucionaria, además de su jefe y hermano, el compañero Fidel, a quien ha sido leal hasta las últimas consecuencias.

Al dolor humano antepuso el valor revolucionario y el sentido del deber. Besó la urna que guarda las cenizas de Vilma y saludó militarmente la piedra con el nombre de Fidel y dirigió el país sin descanso, con acierto, con ímpetu, con devoción. Sus aportes a la Revolución son trascendentes.

Ese Raúl que conocemos, admiramos, respetamos y queremos, debutó en la política como el abanderado de un grupo de jóvenes universitarios que en abril de 1952 enterraron simbólicamente la Constitución del 40, humillada por el golpe de Estado del 10 de marzo; en enero de 1953 fue uno de los fundadores de la Marcha de las Antorchas y en marzo del mismo año acudió a la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud y a la preparación del Cuarto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. A su regreso, se convirtió en uno de los asaltantes al Moncada, donde se hizo Jefe en el combate; luego cumplió prisión en Isla de Pinos, participó en la preparación de la lucha contra la tiranía de Batista durante el exilio en México, desembarcó en el Granma, se reencontró con Fidel en Cinco Palmas, emprendió la contienda en la Sierra Maestra; por méritos y valor fue ascendido a Comandante y de ejemplar manera fundó el II Frente Oriental Frank País.

Es también el dirigente político que ha promovido el debate para el perfeccionamiento de la labor partidista, exigiendo siempre un fuerte vínculo con el pueblo, con el oído pegado a la tierra. A él debemos frases y decisiones determinantes en momentos cruciales para el país, como aquella advertencia de que los «frijoles son tan importantes como los cañones» y el emblemático «Sí se puede», que levantó los ánimos nacionales en el momento más oscuro del periodo especial.

El jefe militar del II Frente Oriental que, en plena guerra de liberación, desarrolló experiencias organizativas y de gobierno en bien de la población, que serían después multiplicadas en todo el país al triunfo revolucionario, dirigió durante casi medio siglo el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cuyo aporte a la independencia de Angola, de Namibia y al fin del apartheid fueron decisivos. Al mismo tiempo, propició que se alcanzaran resultados relevantes en la preparación del país para la defensa y en el desarrollo de la concepción estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo. Bajo su mando, las Fuerzas Armadas Revolucionarias se convirtieron en el más disciplinado y eficiente órgano de la administración del Estado, se desarrollaron experiencias que posteriormente sirvieron al país, como el Perfeccionamiento Empresarial, con valiosos conceptos de la administración, la sostenibilidad, la eficiencia y el control, del cual nació el Sistema Empresarial de las far, que ha alcanzado notables resultados que tributan a la economía del país.

El Raúl guerrillero, en contacto y alianza permanente con la naturaleza, adquirió una sensibilidad especial sobre los temas medioambientales, que más tarde marcarían su empeño en impulsar el programa hidráulico de trasvases y la Tarea Vida.

El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, quien puso en el pecho del General de Ejército las condecoraciones más altas, dedicó a su labor como dirigente las palabras exactas durante la clausura del 5to. Congreso del Partido. Hablando de su hermano de sangre y de ideas, Fidel dijo: «La vida nos ha deparado muchas satisfacciones y muchas emociones, mucha suerte, y digo realmente que ha sido una suerte para nuestro Partido, nuestra Revolución y para mí que hayamos podido disponer de un compañero como Raúl, de cuyos méritos no tengo que hablar, de cuya experiencia, capacidad y aportes a la Revolución no es necesario hablar. Es conocido por su actividad infatigable, su trabajo constante y metódico en las fuerzas armadas, en el Partido. Es una suerte que tengamos eso». Esa suerte, descrita por Fidel, se llama Raúl Modesto Castro Ruz.

 

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