Proyecto de Royalty Minero: Soberanía y justicia económica para Chile

Busca contar con los mecanismos impositivos y compensatorios que le permitan al Fisco obtener mayores recursos provenientes de la minería del cobre y del litio.

Rubén Moraga Mamani. Diputado por Tarapacá. 03/05/2021. La mayoría de los chilenos y chilenas aspiran a que la nueva Constitución proponga y garantice un catálogo de derechos que permita un piso de igualdad para el desarrollo humano de las personas, las familias y la comunidad. Para ello, el nuevo Estado requerirá de recursos económicos suficientes para asegurar a las y los habitantes del país, un nivel de vida adecuado. El papel que jugarán nuestros recursos naturales y la soberanía económica que podamos ejercer sobre ellos, resultará clave para tales objetivos.

El Banco Central, en su informe de Política Monetaria de marzo de 2021, proyecta que el precio del cobre alcanzaría en promedio, durante este año, los US$3,95 la libra. En tanto, la proyección promedio para el 2022, se estima en US$3,75 la libra. El comportamiento del mercado y el alza en el precio, han configurado un escenario muy positivo para el metal rojo. Como consecuencia de ello, y del aumento de la producción, la empresa estatal Codelco alcanzó excedentes por US$1.627 millones. ¿Qué hubiese sucedido si existiera en la actualidad un verdadero royalty minero?

En la actualidad, nuestro país mantiene un esquema de tributación en la minería del cobre que lo grava en la renta imponible operacional, con un impuesto que puede ir desde el 0,5% hasta el 14%. Pero en la realidad, la efectividad de este impuesto es una burla, ya que no considera las cifras netas de recaudación. Así, las grandes empresas mineras pueden eludir o generar informes contables que le permitan pagar menos impuestos. En datos, el año 2017 la minería privada aportó sólo US$125 millones, y antes, en su mejor año, la cifra alcanzó los US$800 millones. Eso fue el pago de impuesto de la totalidad de las empresas privadas del cobre. Es decir, Codelco sobrepasó en el mes de marzo de 2021, por lejos, el aporte total de la minería privada en su mejor año de tributación.

Bajo este esquema, diversos economistas han señalado que Chile ha regalado a la minería privada una cifra cercana a los US$376.0000 millones entre 2005 y 2014. Una cifra que da cuenta de lo que el Estado de Chile ha dejado de percibir, por este esquema tributario a la medida de las empresas privadas.

El actual proyecto de royalty, que se verá en la sala de la Cámara de Diputados y Diputadas esta semana, busca contar con los mecanismos impositivos y compensatorios que le permitan al Fisco obtener mayores recursos provenientes de la minería del cobre y del litio. Por ello, es que se ha propuesto una indicación que permitiría aplicar un impuesto sobre los ingresos netos de la minería, y cuya tasa efectiva dependerá del nivel de precio de los minerales. Visto así, la tasa efectiva del royalty para el año 2021 hubiera sido del 21%, y el año 2022 del 18,9%. En cifras absolutas, la recaudación hubiera sido alrededor de US$7.000 millones en 2021 (2,8% del PIB), y podría ser de US$6.000 millones en 2022 (2,4% del PIB).

Por otra parte, la nueva propuesta establece incentivos para que las empresas consoliden procesos de generación de valor y de producción industrial en el país. Quienes opten por refinamiento y producción industrial podrán acceder a rebajas del royalty. En la actualidad esto no ocurre, ya que las empresas privadas solo exportan concentrado de cobre y no realizan ningún proceso de refinamiento o industrialización, imposibilitando o lesionando la cadena de generación de valor.

La mayoría de los países con dignidad suficiente, establecen royalties a la venta directa de las empresas mineras, para una compensación efectiva por la explotación de la soberanía nacional y la propiedad pública. La proyección indica que Chile tiene cobre y litio para muchos años, y que la industria basada en la electro movilidad y nuevas formas de almacenamiento de energía tendrán un fuerte desarrollo. Si no logramos recuperar nuestra dignidad y soberanía económica sobre estos recursos, por más catálogos de derechos que tengamos en la nueva constitución, siempre nos estará faltando la dignidad suficiente para su realización, y no serán más que otra letra muerta en las páginas de nuestra historia política republicana.

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