Perú. Se afirma cambio positivo

Es la primera vez en la historia del Perú, que un candidato señaladamente marxista, y considerado abiertamente comunista, postula con posibilidades reales a la Primera Magistratura de la Nación. Y lo hace con éxito. Incluso al margen del resultado final, lo objetivo es que ha logrado ganar a la mitad del electorado, y acumulado en favor de su causa a más de 9 millones de peruanos.

Gustavo Espinoza M. Periodista. Lima. 07/06/2021. Bien podría decirse que el proceso electoral peruano es no apto para cardiacos.

El primer flash electoral -a “boca de urna”- dado por la encuestadora más importante, dio un 50.3% para Keiko Fujimori y un 49.7 para Pedro Castillo. Dos horas más tarde, la misma empresa anuncio un cambio: 50.2 para Castillo y 49.8 para su adversaria.

Pero las cosas registraron una mutación sorpresiva cuando al borde de la medianoche la Oficina Nacional de Procesos Electorales, (ONPE) anunció su propio  “conteo rápido” -esta vez oficial- hasta el 56% de los votos: 52.4 para Keiko, y 47.5 para Castillo.

A partir de allí comenzaron a revertirse los resultados en favor del candidato del movimiento popular. Al escribir estas líneas, el abanderado de Perú Libre marcaba el 50.1% y la lideresa de la ultra derecha el 49.8%. Esa cifra signó una   recuperación que se tornará -esperamos- irreversible en las próximas horas.

Por lo que falta contabilizar, se prevé una distancia de alrededor de cien mil votos en el cómputo final,  y una victoria -difícil, pero real- para el Lápiz, el símbolo de Pedro Castillo.

¿Qué nos puede demostrar este proceso? Por cierto muchas cosas. Es la primera vez en la historia del Perú, que un candidato señaladamente marxista, y considerado abiertamente comunista, postula con posibilidades reales a la Primera Magistratura de la Nación. Y lo hace con éxito. Incluso al margen del resultado final, lo objetivo es que ha logrado ganar a la mitad del electorado, y acumulado en favor de su causa a más de 9 millones de peruanos.

Y hay que señalar que este dirigente no es propiamente un intelectual, ni un político. Es un maestro rural, un modesto profesor de educación primaria de una escuela de provincias en una región casi olvidada del Perú. Carece de estudios especiales y de títulos;  y registra -adicionalmente- falencias formales que lo mostraron como débil para la confrontación polémica. Su más alto pergamino, es el de haber dirigido una huelga sindical del magisterio en el 2017.

Pero es también la primera vez que se ha generado el hecho que toda la campaña, de comienzo a fin, ha tenido un intenso sesgo anti comunista; y se ha manejado, por eso, en los extremos más duros de la deformación política. Algunos connotados líderes de los partidos comprometidos con Keiko Fujimori aseguraron que el Programa de Gobierno de Pedro Castillo era el Manifiesto Comunista de 1848 y que el candidato de Perú Libre era simplemente leninista.

Pero eso, fue apenas el comienzo. Luego vendría la versión de “calcar la experiencia cubana”, de “construir el modelo chavista”, de “replicar la realidad venezolana”, cuando al Perú llegó en los últimos años alrededor de un millón de supuestos  adversarios de Nicolás Maduro.

Estos últimos, por lo demás, participaron activamente en la campaña. Remunerados por la candidata de la mafia, repartieron volantes, periódicos y obsequios en calles y avenidas tanto en Lima como en el interior del país, y también fungieron como claque en la gira por ciudades y pueblos del interior del país. Por lo demás, entrevistados por todos los medios de comunicación, dieron dramáticos testimonios de sus “inenarrables sufrimientos” bajo un régimen que “podía repetirse en el Perú”.

Y para que no faltara nada en el pastel, trajeron a Leopoldo López, el guarimbero venezolano; y a Carbajal -el ex líder de la CTV- para que contaran las mismas historias. Ellos, adicionalmente, contaron con la complicidad de Mario Vargas Llosa -el Nobel de la Literatura-, que escupió su propia solapa ante el beneplácito de una “clase dominante” simplemente aterrada por la posibilidad de un cambi0o radical en el escenario peruano

Hay que decir, sin embargo, que estos ataques fueron simplemente ignorados por Castillo. No hizo concesiones, no se mostró partidario de llegar a acuerdos, o suscribir “hojas de ruta” para alcanzar un “gobierno de consenso”, o “atenuar” su mensaje. Simplemente se ratificó en sus lineamientos de programa, orientado a afirmar dos conceptos básicos: cambio de Constitución y nuevo modelo de gestión gubernativa.

Y eso porque si algo ha hecho carne en la conciencia de los peruanos, es la necesidad de recusar el “modelo” Neo Liberal que privilegió el accionar de la empresa privada y puso en salmuera al Estado mostrándolo incapaz de atender a la población en el marco de la Pandemia que aun agobia a las mayorías nacionales.

El “modelo”, en efecto, quebró la estructura productiva del país -hoy el 80% de la población económicamente activa, es informal- y generó el colapso del sistema sanitario y el educativo. Solo en Lima, hay alrededor de tres millones de personas que viven en los cerros, careciendo de agua, luz, desagüe y otros servicios básicos. Pero el tema, aún es más grave en el interior del país.

Todo esto fue inescrupulosamente ocultado durante muchos años por los medios de comunicación. La prensa grande y la televisión formal, se empeñó siempre en mostrar la imagen de un país que estaba en “auge económico” y en perspectiva de insertarse en el “Primer Mundo”. El Covid-19 y sus secuelas echaron por tierra esas novelas.

La derecha usó de todos los procedimientos imaginables para derribar la candidatura de Castillo. Concertó fuerza, voluntades y recursos.  Y se valió del engaño y el dinero. Fueron esos sus resortes preferidos a lo largo de toda la contienda. Creyeron que podían mentir impunemente y comprar adhesiones por doquier. Fracasaron en toda la línea.

Adicionalmente, usaron el miedo. En el extremo, urdieron supuestas “acciones terroristas” para provocar el pánico entre la población, El hecho más reciente, fue el alevoso crimen consumado en la selva del Vizcatán y que dejara una estela de 16 muertos, entre ellos dos niños. Adjudicar el crimen a Sendero Luminoso y mimetizar a esta organización terrorista con Perú Libre y Pedro Castillo, fue lo más simple que hicieron. Lo más complejo, fue el ataque sostenido en esa dirección desde el 11 de abril hasta el 5 de junio.

Todo esto -y mucho más- se hizo para perpetuar un modelo de dominación repudiado por el pueblo peruano.

Hoy, no tenemos duda, que nuestra experiencia de lucha habrá de servir para alentar el Proceso Emancipador Latinoamericano y mostrar al Perú al lado de los pueblos que lucha por la liberación, el desarrollo y el progreso; y que es capaz de abrir paso en una trocha ciertamente compleja.

¿Cómo será eso? Por cierto resulta aún prematuro definirlo, porque el reto es muy grande. Por de pronto, hay que evocar el poema de Antonio Machado y mostrarlo ante los sorprendidos hombres de nuestro continente: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar”.

 

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