Nueva cartografía política antineoliberal

Vivimos un cambio global epocal que se ha visibilizado con la Pandemia. El carácter depredador del sistema capitalista tiene como contracara el fortalecimiento de los valores de la igualdad y la justicia social, así como del Estado y la ciudadanía. No es solo un cambio de sistema político institucional lo que está en curso. En nuestro caso, esto se refleja como un cambio profundo de la cultura política. Se trata de la emergencia de una estética y un lenguaje político que termina por erradicar las formas en que la tecnocracia neoliberal dio continuidad al modelo dictatorial, construyendo una hegemonía que hoy está en retirada.

Claudio Rodríguez. Secretario Ejecutivo ICAL. 26/05/2021. Chile vive un momento histórico. Las recientes elecciones dejan un mandato claro con el triunfo de las fuerzas que están por realizar cambios de fondo a nuestro sistema institucional y modelo de desarrollo. La elección de Constituyentes abre una nueva cartografía para hacer viable la superación del neoliberalismo. Se conformará una Convención Constitucional, que probablemente pueda ser cada vez más parecida a lo que pedían las movilizaciones del 18-O: una Asamblea Constituyente. Ello, porque las fuerzas conservadoras, al no alcanzar el tercio de votación, han perdido el poder de veto. Más aún, las lógicas del consenso transicional se ven prácticamente anuladas con la baja votación de los sectores restauradores presentes en la ex Concertación, principalmente la DC y el PPD, cuyos militantes en conjunto alcanzan 4 escaños.

Vivimos un cambio global epocal que se ha visibilizado con la Pandemia. El carácter depredador del sistema capitalista tiene como contracara el fortalecimiento de los valores de la igualdad y la justicia social, así como del Estado y la ciudadanía. No es solo un cambio de sistema político institucional lo que está en curso. En nuestro caso, esto se refleja como un cambio profundo de la cultura política. Se trata de la emergencia de una estética y un lenguaje político que termina por erradicar las formas en que la tecnocracia neoliberal dio continuidad al modelo dictatorial, construyendo una hegemonía que hoy está en retirada.

En este marco, la lectura estratégica de nuestra nueva cartografía política debe hacerse desde la interpretación de la elección de constituyentes, no de la de gobernadores o municipales, que más bien representan un mapa con lógicas de lo que pronto será el viejo sistema institucional de representación política. Ello, porque es en ésta elección donde se manifiestan los principales resultados que dan cuenta del nuevo clivaje político nacional: una diversidad de movimientos y actores sociales y políticos que están por el término del neoliberalismo; la emergencia de la organización de los independientes y movimientos sociales y territoriales como nuevos actores de la política chilena.

Una primera mirada a los resultados da cuenta del efecto del Estallido o Revuelta Social del 18/O en el nuevo mapa de representación y participación política. Según datos del Servel, entre las últimas elecciones municipales de 2016 y las de este 2021 se muestra el aumento de la participación electoral en 1.531.825 de nuevos votantes. Estos son mayormente jóvenes y se concentran en la Región Metropolitana, cuya votación aumenta en 61%, con 1.009.000 nuevos votos. A ello, le sigue la región de Antofagasta, con un aumento de 40% de sufragios. Ciertamente, la región con uno de los mayores grados de movilización en la Revuelta, así como una de las que presenta mayores problemas de desigualdad.

Un segundo elemento, complementario, es el carácter mayormente urbano de ésta. Regiones con fuerte componente rural, como la del Maule o Ñuble, son las que presentan menos participación, con 3% y -5%, respectivamente, mostrando incluso alguna disminución de la participación electoral. En tanto, las comunas de la RM con mayor variación porcentual son Puente Alto (104%), La Granja (93%) y Maipú (90%). La primera y la última, comunas que han vivido los mayores incrementos de población en las últimas décadas. Junto a La Florida, que aumenta en un 76% su votación, son un buen reflejo del crecimiento de una ciudad cada vez más segregada bajo las lógicas de la rentabilidad del uso del suelo, comunas que hoy expresan su malestar en las urnas.

Así, si bien la mayor cantidad de votación se da en las comunas del barrio alto (Lo Barnechea y Vitacura, con 61 y 63%, respectivamente) es el efecto del crecimiento del voto urbano popular, la nueva ciudad segregada por el neoliberalismo, y la mayor participación de jóvenes, lo que marca el nuevo mapa electoral que comienza a configurarse.

Por otra parte, lo sucedido en la inscripción de primarias presidenciales refleja la ruptura entre quienes visualizan la centralidad de la contradicción del período -neoliberalismo y antineoliberalismo- y aquellos que, más bien desde lógicas sobreinstitucionalizadas, se resisten a perder hegemonía en el nuevo mapa político. En este sentido, el carácter antineoliberal de las visiones y posiciones políticas marcará el devenir del período que se abre con el estallido electoral del 15-16 M.

En el desafío de superación del neoliberalismo, la posibilidad de estructurar un bloque amplio no caduca con la bajada del PS a una primaria amplia presidencial. Es cierto que su ausencia quita amplitud a una nueva alianza y no es el mejor escenario, pero ello no era posible con la incorporación de quienes desde el ideario liberal progresista consolidaron y simbolizan el neoliberalismo hoy interpelado. La política meramente instrumental pierde espacio en el nuevo clivaje político nacional y en ello las posiciones deben ser claras. En este sentido, el PS no fue capaz de superar sus propias tensiones y dar un giro histórico que lo situara con nitidez en la vereda de una izquierda antineoliberal. En ello deberá realizar su propio análisis y camino en un escenario complejo para la sobrevivencia del sector -ex Concertación- que hegemonizó la política pos dictatorial desde una lógica consensual con los poderes fácticos. Complejo, por el carácter dogmático de los sectores neoliberales que han colonizado a distintos actores en la política chilena,  y porque también deberán distanciarse de las posiciones de la derecha pero, fundamentalmente, porque la nueva cartografía política estará marcada por la incidencia de los independientes y movimientos sociales que, en su gran mayoría, son antineoliberales y tienen una profunda crítica, desconfianza y distancia con el sistema de partidos en Chile, sobre todo de aquellos que representan en el imaginario político el abuso de los 30 años.

Este será el gran desafío para las izquierdas en Chile. Articular las distintas lógicas y culturas políticas de un posible bloque antineoliberal que debe construirse sobre un marco de alianzas basadas en una nueva relación entre lo social y lo político y en el escenario de emergencia de una nueva cultura política. Para ello, el diálogo y reconocimiento de estos actores tendrá un escenario privilegiado en la Convención Constitucional. Avanzar en su soberanía y capacidad de autorregulación será el primer espacio clave de este proceso. La aprobación del Reglamento de la CC, el debate por los 2/3 -que hoy encuentra un piso político que lo hace más viable-, así como la conformación de la mesa y la presidencia de la Convención será la primera prueba para ir conformando un nuevo bloque político social por la superación del neoliberalismo. Junto a ello, la posibilidad de lograr la libertad de los presos de la Revuelta, de aquellos que, como otros cientos de miles, posibilitaron abrir el camino para que la Dignidad se haga costumbre.

 

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