Los hilos de la ultraderecha en Chile

Hay al menos una decena de organizaciones de extrema derecha en el país, que contarían con una base de apoyo político y electoral de más de un millón de personas.

Equipo “El Siglo”. 03/09/2021. En Chile están activas al menos una decena de agrupaciones de ultraderecha que operan en unas diez regiones del país, con miles de militantes que participan en ámbitos religiosos, políticos, económicos y sociales.

El analista mexicano Bernardo Barranco, comentó que “conviene no tomarnos a la ligera a la ultraderecha” y escribió en una columna del semanario Proceso, que hay que “repensar con rigor a la ultraderecha, no sólo en su vertiente local, vinculada con un viejo catolicismo anticomunista, sino a los grandes movimientos políticos y culturales que se están dando en Occidente”. Enfatizó que “la extrema derecha es una corriente política e ideológica que gana terreno y se ha extendido…El triunfo de Donald Trump en Estado Unidos no fue un accidente. En Europa, la ultraderecha tiene repercusiones en el ámbito electoral. El florecimiento ultraderechista es populista, nacionalista, antiminorías, xenófobo, patriarcal, particularmente antiislámico y con rasgos fascistas. Y en América Latina está predominando el fundamentalismo evangélico”.

Chile no está ajeno a esa realidad. En ocasiones en la invisibilidad y en otras con presencia notoria, proliferan colectivos con mensajes y acciones anticomunistas, de fundamentalismo religioso, xenófobas, anti migrantes, patriarcales, fascistas y contrarias a la “ideología de género”.

Eso se está evidenciando a través de grupos organizados, medios de comunicación, portales Web y redes sociales, y en manifestaciones como las ocurridas durante la campaña del “Apruebo” o “Rechazo” la nueva Constitución, en las inmediaciones de la embajada de Cuba, en la Región de La Araucanía, en manifestaciones en contra del aborto, en actividades de grupos fundamentalistas católicos y evangélicos, y en el proceso electoral que se avecina.

Está en la retina el “Bus de la Libertad”, recorriendo calles de varias ciudades con frases como “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”, en contra de la “ideología de género”, rechazando el aborto y las leyes a favor de la identidad de género y derechos LGTBI; los grupos golpeadores con suásticas nazis y “la araña” de los paramilitares de Patria y Libertad que actuaron en las marchas del “Rechazo”; las arengas ultraconservadoras de los dirigentes del Partido Republicano y el grupo Fuerza Nacional, que tienen vocerías en el Parlamento; las manifestaciones de evangélicos ultraconservadores en poblaciones e iglesias; los actos violentos en contra de mapuches en La Araucanía; las reivindicaciones de la dictadura cívico-militar y la imposición del negacionismo en materia de derechos humanos.

El ejemplo más elocuente del resurgimiento de la ultraderecha -algo escondida en los primeros años de pos dictadura- es el Partido Republicano (PR) que nació en junio de 2019. De corte ultraconservador, católico, populista y anticomunista, se expandió logrando tener algún nivel de representación en las 16 regiones del país. Actualmente la organización cuenta con un candidato presidencial (el ultraconservador ex militante de la Unión Demócrata Independiente -UDI-, José Antonio Kast) y presentó candidaturas al Senado y la Cámara Baja, logrando la presencia de la ultraderecha en el proceso electoral de este año, algo que ocurre sólo en algunos países de América Latina.

Junto al PR, otros colectivos -algunos con rasgos paramilitares- tienen presencia y activismo. Entre ellos Fuerza Nacional, Capitalismo Revolucionario, Patria y Libertad,  Asociación para la Paz y la Reconciliación en La Araucanía, Comando Hernán Trizano, Frente Orden Nacional, Movimiento Independiente Pinochetista, Movimiento Nacional Socialista de los Trabajadores, Movimiento Nacionalista de Chile, Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista, Nuevo Tiempo, Legión 38, Partido Conservador Cristiano,  Partido del Sur y La Vanguardia.

Representaciones y base electoral

En el Servicio Electoral (Servel) están formalizadas como organizaciones políticas, el Partido Nacional Ciudadano y el Partido Republicano. Otros figuran como “partidos en formación”, que es el caso del Partido Nacional Independiente de Chile, Partido Fuerza Nacional, Partido Orden Republicano Mi Patria, Nuevo Tiempo, Unidad Cristiana Nacional y Patriotas por Chile.

Existe una red de personeros que contribuyen con aportes financieros para la existencia de esos grupos, y personajes dedicados a la elaboración de tesis ideológicas y políticas, destinadas a captar adherentes y establecer doctrinas que llegan a permear a segmentos de la población.

Varios de esos grupos tienen labor en villas, poblaciones, comunas y regiones y realizan manifestaciones y activismo en espacios públicos, sedes de organizaciones cívicas, en salidas de estaciones del Metro, locales evangélicos y partidarios, y en reuniones en casas y sitios privados.

Tienen presencia comunicacional personajes como el propio José Antonio Kast, Raúl Meza (abogado de represores presos en Punta Peuco), Loreto Letelier (antigua militante de la UDI), Ignacio Urrutia (legislador), Hermógenes Pérez de Arce (columnista), Jorge Muñoz (ex general de Ejército), Jorge Arancibia (ex jefe de la Armada y actual convencional constituyente), Augusto Pinochet Molina (nieto del dictador Pinocher y ex capitán del Ejército), Aldo Duque (abogado), Rojo Edwards (candidato al Senado), Hernán Büchi (ex ministro de Hacienda de Pinochet), Carlos Cáceres (ex ministro del Interior de Pinochet), Javier Leturia, Gonzalo Rojas (historiador), Sebastián Izquierdo (fundador de Capitalismo Revolucionario), entre otros.

En la última elección presidencial (2017), José Antonio Kast se acercó al 8% de la votación, con más de 523 mil sufragios y de acuerdo a inscripciones y votaciones (como en las últimas municipales y de convencionales), se calcula una base electoral de unos 800 mil votos. Otros datos electorales y movilizaciones de grupos o personas ligadas a la extrema derecha, apuntan a que este sector tendría una base de adherentes de más de un millón de personas, considerando a sectores de partidos de derecha como la UDI, la llamada “familia militar” compuesta por gente vinculada a las Fuerzas Armadas y Carabineros, diversas agrupaciones evangélicas y religiosas como el Opus Dei y Legionarios de Cristo.

Una de las labores prioritarias es estar en redes sociales y contar con espacios en medios de prensa nacionales, regionales y comunales. Organizaciones de ultraderecha son dueñas, a través de sus integrantes -muchos de ellos empresarios-, de radios comunitarias, sobre todo en el sur del país. La fundación del medio digital El Líbero, le dio a los ultraconservadores un alcance mayor, conocedores de la necesidad de contar con una prensa propia.

Un muro férreo frente a las transformaciones

De acuerdo con algunos analistas, la revuelta social de 2019, la creciente instalación de proyectos democratizadores y de contenido social, el avance hacia una nueva Constitución, los logros políticos y electorales de la izquierda y centroizquierda, el auge del feminismo, el avance de proyectos de matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto libre, las campañas a favor de los migrantes, llevaron a sectores de extrema derecha a ver la necesidad de organizarse, difundir sus idearios con más fuerza y a buscar penetración en segmentos de la sociedad.

Eso se reforzó ante la situación de violencia política en las manifestaciones, las protestas populares y el avance de las luchas del pueblo mapuche en el sur, ataques violentos en La Araucanía, todo visto como una amenaza “terrorista”, “subversiva”, “comunista” y “anarquista”. “Es momento de actuar” dijo un militante ultraderechista en redes sociales.

Tuvo alta repercusión, por ejemplo, el operativo violento, incluido el porte de armas, de civiles de extrema derecha y racistas, que actuaron para desalojar a mapuches que se habían tomado municipios de La Araucanía, y que gritaron consignas como “el que no salta es mapuche”, “indios culiaos”, “querían terrorismo, acá tienen terrorismo”. Y las agresiones violentas de sujetos ultraderechistas, nazis y fascistas que participaron en marchas del “Rechazo”, llevando palos, bastones, cápsulas de gases, escudos, cascos e implementos de seguridad, y que golpearon a periodistas y transeúntes, lanzaron gas a muchas personas, y golpearon e insultaron a otras. Varios medios de prensa reportaron que en ambos casos, los agresores contaron con el respaldo de Carabineros.

Hay una postura, sobre todo a partir de un fundamentalismo religioso, un ultraconservadurismo ideológico, un racismo marcado, una homofobia evidente, y una oposición a cambios institucionales y del modelo económico, de rechazo a los contenidos transformadores de una nueva Constitución, a derechos sexuales y reproductivos sobre todo el aborto libre, al matrimonio entre personas del mismo sexo, a derechos de las minorías sexuales, al cambio del modelo neoliberal y mercantil, y otras propuestas de avanzada en la sociedad chilena.

Varios de los colectivos de la extrema derecha actual, tienen el propósito de armarse y adoctrinarse para operar como grupos paramilitares que salgan a imponer la ley y el orden, como quedó demostrado en episodios ocurridos en las marchas del “Rechazo” a la nueva Constitución y en acciones en La Araucanía, todos documentados por medios de información y donde incluso hubo detenidos y procesados. Se ha constatado que en varias manifestaciones de grupos ultraderechistas participaron ciudadanos venezolanos y cubanos ligados al extremismo en sus países, y que estarían militando secretamente en grupos chilenos.

Se hace evidente que la ultraderecha busca convertirse en un muro férreo a las transformaciones que operan en el país y a las que podrían producirse en el futuro.

La situación llegó a tal punto, que hoy el Partido Republicano, la Fuerza Nacional, Capitalismo Revolucionario y otros colectivos ultraconservadores, marcan una abismal diferencia con los partidos de derecha (UDI, Renovación Nacional, Evópoli) y más aun con posturas liberales en ese sector, invocando representar  a “la verdadera derecha”, los valores y principios ideológicos del conservadurismo, y la defensa de un proyecto país donde “se respeten” principios como el de la familia como núcleo de la sociedad, el patriotismo y el nacionalismo, el orden y la seguridad, el apego a doctrinas religiosas, la creencia en Dios, la negativa al aborto y derechos sexuales y reproductivos.

Es así que José Antonio Kast levantó su candidatura presidencial como opción ante el derechista Sebastián Sichel, y el Partido Republicano presentó su lista parlamentaria a contra punto de los partidos de derecha, entrando en una disputad por la base electoral de las fuerzas conservadoras.

Durante 2020 y 2021 quedó claro el avance en la presencia y protagonismo de sectores de ultraderecha en distintos ámbitos territoriales y sociales, y espacios como el Parlamento, con la actividad de Ignacio Urrutia y Camila Flores, o en la Convención Constitucional con Jorge Arancibia.

En un texto del Observatorio del Ascenso de la Extrema Derecha en Chile (OAEC) de la Universidad de Chile, se señaló que en el último periodo, sobre todo después de 2019, “surgieron ( ) grupos herederos del fascismo histórico, ‘anarco-capitalistas’ y extrañas mixturas de perspectivas religiosas ultra conservadoras y un anti-estatismo neoliberal que comenzaron a copar las redes sociales y hacer pequeñas, pero significativas muestras de fuerza callejera. Si bien todos estos grupos tienen cosmovisiones y esbozos programáticos radicalmente distintos unos de otros, el chovinismo, la xenofobia, el racismo, la LGBTI fobia, la misoginia, el desprecio a la cultura democrática y el rechazo al posible cambio constitucional, ocupan transversalmente la agenda de todos ellos, independiente del lenguaje y los métodos que utilicen para justificar esta clase de relatos”.

A eso se añaden tesis como las de Fuerza Nacional, que en una de sus declaraciones sostuvo que “aspiramos a ser en el único partido de derecha que defenderá, reivindicará y proyectará el legado y la gran obra del gobierno militar y los valores y principios que hicieron de Chile un país próspero, libre y soberano”.

Idearios desde la ultraderecha

Entre las más de una decena de grupos varían las motivaciones y las tesis programáticas, aunque suelen destacarse denominadores comunes como el nacionalismo, “el orden”, “la familia”, el anticomunismo, el catolicismo y la defensa del neoliberalismo.

Fuerza Nacional tiene ocho puntos básicos que explican lo que son. Reconocimiento del “legado histórico del Gobierno militar”, reivindicación del “patriotismo militar” y “la propiedad privada”, rechazo a “todo tipo de corrupción política”, aspirar a que “los chilenos volvamos a sentirnos seguros potenciando a nuestras fuerzas de orden”, enaltecimiento de “la familia (como) base de nuestra sociedad”, señalamiento de que “creemos en Dios primero y en la patria segundo”, oposición “a la intervención de los organismos internacionales en nuestros asuntos internos” y rechazo a “la inmigración masiva”. El combate al “terrorismo marxista” es un objetivo principal.

Capitalismo Revolucionario hereda tesis del nacional socialismo y del nazismo, y ha protagonizado hechos de violencia y agresiones en la marcha a favor del “Rechazo” y frente de la embajada cubana. Sebastián Izquierdo, su líder, difundió fotos con armamento en redes sociales y ha reivindicado actos violentos. El grupo se define como “una plataforma de lucha ideológica contra toda manifestación de colectivismo, ya sea moral o institucional” y promueve “invertir la relación entre el Estado y la propiedad privada poniendo la propiedad privada como la base de la sociedad”. Ha promovido y organizado y manifestaciones contra el globalismo, el aborto, la ideología de género y la inmigración masiva. El grupo reivindica la figura del dictador Augusto Pinochet y niega la existencia de violaciones a derechos humanos. En algunas actividades de este grupo de extrema derecha, se vio participando a militantes de la UDI, y se han comentado vínculos entre esa colectividad y Capitalismo Revolucionario, pero dirigentes desmintieron aquello.

El Partido Republicano es un desprendimiento de la UDI, al que se sumaron personas identificadas con la ultraderecha, el anticomunismo, segmentos evangélicos, posturas anti migrantes y contra el aborto, y partidarios de la dictadura cívico-militar. Entre sus principios básicos plantean defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, promover la familia como núcleo fundamental, defender el concepto de Patria, defender la libertad de las personas y de los cuerpos intermedios, creer en la economía social de mercado, promover la descentralización y sostienen que “creemos en Dios”. Son férreos defensores de las Fuerzas Armadas y Carabineros.

En general los grupos de extrema derecha, en la coyuntura, están en contra del proceso constituyente y las características de una nueva Constitución, respaldan la candidatura de José Antonio Kast, critican y enfrentan las posturas principalmente del Partido Comunista, apoyan a los represores presos en Punta Peuco, reivindican a la dictadura y a Pinochet, y se organizan para marchas y manifestaciones violentas, a donde llegan con escudos, chalecos antibalas, protectores de seguridad, cascos, palos, artefactos lanza gases y usan símbolos nazis y fascistas. La ultraderecha tiende a distanciarse de los partidos de la derecha, a los cuales culpan de desprenderse del ideario del sector y no representar las aspiraciones patrióticas y populares.

En aspectos más estratégicos, varios autores indican que en los sectores ultraderechista se continúa promoviendo la purificación política, étnica y religiosa, el uso de la violencia y la organización paramilitar, el autoritarismo con supuestos rasgos de populismo y democracia, el nacionalismo, el “amor a la Patria”, y la limpieza de “nuevos componentes” en la sociedad como los migrantes, los homosexuales, el feminismo y las y los pro aborto libre.

En un largo artículo de estudio, el doctor en filosofía Juan Antonio González de Requena Farré, indicó que “los partidos de extrema derecha de las últimas décadas del siglo XX no se caracterizan por un único rasgo como la hostilidad al progreso o la posición antidemocrática o anticomunista, sino que exhiben también aspectos como el nacionalismo extremo, el etnocentrismo, la xenofobia, el apego a la ley y el orden, la demanda de liderazgos autoritarios, entre otros. Betz (1993) describió a los partidos de extrema derecha surgidos en la década de los ochenta como formaciones radicales, ya que rechazan e sistema establecido cultural y político establecido (el Estado del bienestar, la burocracia y los partidos políticos), a la vez que apelan a la iniciativa y logro individuales en el libre juego del mercado, así como a la reducción de la intervención estatal”.

De acuerdo con ese autor, “según Mudde (2000), la mayoría de las caracterizaciones del extremismo de derecha contemporáneo incluyen rasgos como el nacionalismo, el racismo, la xenofobia, la posición antidemocrática y la valoración de un Estado fuerte, de manera que podríamos reconocer un núcleo ideológico central de la extrema derecha actual: al nacionalismo y a la aspiración a la congruencia político-cultural mediante la homogeneización interna de la sociedad y la expatriación de extranjeros, se suma la xenofobia como visión el mundo que considera lo ajeno a lo convencional o lo nacional como algo negativo y amenazador y, por tanto, como un enemigo interno o externo”.

Indicó que “de la combinación de nacionalismo y xenofobia, se siguen políticas socioeconómicas en beneficio exclusivo del propio pueblo o de los connacionales (cierto chauvinismo del bienestar) y políticas externas proteccionistas y de afirmación de la soberanía nacional de fuerzas exteriores. Por último, se da un apego a la ley y el orden, o sea al mantenimiento de un sistema legal estricto y la aplicación rigurosa de las reglas (Mudde, 2000, p. 177)”.

González de Requena Farré, apuntó que “en suma, pese a la diferencia de designaciones de la extrema derecha contemporánea (derecha populista radical, populismo xenófobo, nacionalismo populista o derecha radical), cabe reconocer algunos rasgos característicos de su marco ideológico: en primer lugar, la perspectiva de cierto nativismo, la noción exclusivista y etnonacionalista de la ciudadanía y su posición antiinmigración; en segundo lugar, la retórica populista y antiestablishment, que divide a la sociedad entre el pueblo y la élite corrupta; por último, el autoritarismo, el apego a la ley y el orden, el conformismo y la sumisión a los valores tradicionales (Muis e Immerzeel, 2016)”.

Referentes mundiales

La extrema derecha chilena tiene muchos referentes a nivel internacional. No solo ese sector. La misma derecha formal chilena mantiene vínculos con expresiones ultraconservadoras, representadas en episodios como la visita de la ex presidenta de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe, al ultraderechista presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, o los lazos de Renovación Nacional con los personeros colombianos Álvaro Uribe e Iván Duque.

Hay optimismos locales por los resultados electorales e instalaciones políticas de la ultraderecha en otros países, como los casos Fuerza Nueva y Hermanos de Italia, Partido de los Finlandeses, Alternativa por Alemania, el Partido Popular de Dinamarca, Vox de España, Agrupación Nacional en Francia, Demócratas Suecos, Patriotas Unidos en Bulgaria, Partido de la Libertad de Austria, Libertad y Democracia Directa en Checoeslovaquia, Partido Liberal Demócrata de Rusia, y el conocido Te Party de Estados Unidos.

Todos, más menos, postulan tesis relacionadas con el fascismo, el nacionalismo, el nazismo, el proteccionismo y la anti globalización, el fundamentalismo religioso, el racismo, la xenofobia, el rechazo a la migración y el aborto, la supremacía blanca y racial, el conservadurismo y el anticomunismo, el antisemitismo, el populismo, el autoritarismo, la propiedad privada, el antifeminismo y en contra de la “ideología de género”, y junto con desarrollar diversidad de acciones y manifestaciones, que no excluyen la violencia y el paramilitarismo, algunos colectivos aspiran a puestos en los Parlamentos e incluso participan en elecciones presidenciales.

En América Latina existen varios grupos de extrema derecha, varios de ellos inmiscuidos inclusive en actos criminales, como es el caso de grupos paramilitares colombianos, en sucesos que llegaron hasta acusaciones judiciales contra el ex presidente Uribe, amigo de la derecha chilena. Actualmente actúan organizaciones como el Partido Popular de la Reconstrucción y Frente Nos en Argentina; Partido Social Liberal, Patriota y Partido Renovador Laborista en Brasil; Centro Democrático y Colombia Justa y Libres en Colombia; Restauración Nacional en Costa Rica; Visión con Valores y Todos en Guatemala; Unión Nacional de Ciudadanos Éticos de Paraguay; Fuerza Popular y Renovación Popular de Perú.

Muchos de esos colectivos están integrados por ex uniformados de las Fuerzas Armadas y las policías, por antiguos personeros ultraconservadores, ex oficiales y funcionarios de regímenes dictatoriales, empresarios y líderes evangélicos y católicos.

Son herederos ideológicos y orgánicos de grupos como Alianza Anticomunista Argentina, Autodefensas Unidas de Colombia, Movimiento Costa Rica Libre, Alpha 66 de Miami, Escuadrones de la Muerte de El Salvador, Batallón 3-16 de Honduras, la Contra de Nicaragua, Comando Rodrigo Franco de Perú, y Escuadrones de la Muerte de Uruguay.

Gabriele Nandlinger, periodista del portal alemán Blick nach Rechts, apuntó que “por lo general, los ultraderechistas rechazan el orden democrático y liberal -incluso a través del uso de la violencia- y quieren construir un sistema estatal autoritario o incluso totalitario, en el que una ideología nacionalista y racista debería servir de base para el orden social”.

En el resumen del texto “El avance de la extrema derecha en América Latina y Europa”, de Millán Arroyo y Rodrigo Stumpf, se sostuvo que “el avance de la extrema derecha es un fenómeno global complejo, que se manifiesta en distintas regiones del mundo en distintos grados e intensidades. Un avance inquietante porque se interpreta como un debilitamiento de la democracia y la amenaza de un retroceso de las conquistas sociales alcanzadas durante largo tiempo. Una contestación reaccionaria al concepto de progreso que hasta ayer mismo parecía hegemónico”.
Lo que coinciden estudios, análisis y comentarios, es que la ultraderecha está presente en el escenario político mundial y específicamente presenta un crecimiento y posicionamiento en Chile.
Los grupos son diversos y heterogéneos, pero logran penetrar en segmentos de la sociedad e incluso personas que tienen una base doctrinaria -más o menos estructurada- ultraconservadora, racista, homofóbica, anti migrante, religiosa, autoritaria, sienten simpatías por las organizaciones de la extrema derecha y están dispuestas a integrarlas, ayudarlas y votar por sus personeros.

En el caso chileno, la decena de organizaciones ultraderechistas, con varias legalizadas en el Servel o en vías de hacerlo, con base social y electoral, con capacidad de activismo y movilización, con presencia en redes sociales y medios de prensa, no están paralizadas y más bien muy activas y aspiran en el corto plazo a tener una mayor influencia en el país.

 

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