La comunicación del Gobierno en pandemia: otro riesgo sanitario

Mientras otros países dejan las decisiones de Estado a un panel científico, la administración de Piñera se ha sentado a solas en una supuesta mesa de expertos. Ante la realidad sanitaria ha comunicado contradicciones y actos fallidos que le valen fuego cruzado y amigo. La mirada de expertos en este tema.

Alicia Sánchez y Carlos Salazar. Periodistas. Santiago. 09/06/021. Actos fallidos, contradicciones y tozudez han marcado la estrategia de Gobierno para comunicar la crisis sanitaria y sus implicancias a poco más de un año del primer caso de Covid-19 detectado en Chile. Desde una institucionalidad tardía para la acción, acciones desproporcionadas para contener, sin éxito, la tasa de contagios hasta diversos focos de descontento por la asignación de ayudas sociales que han terminado costándole al gobierno críticas y fuego amigo, son parte de este escenario donde la comunicación política ha sido escasa, creen los expertos en el análisis de este discurso.

El sociólogo Raúl Zarzuri, piensa que el principal problema en este mensaje erróneo impide encontrar un camino de salida a la crisis o un respiro a la emergencia sanitaria, al menos. “El discurso del Gobierno ha sido bastante ambivalente desde el inicio de la pandemia y hay una premisa: te dicen que hay que cuidarse, pero también te dan la posibilidad de hacer un tránsito que no va a permitir ese cuidado”, dice. Hay un evidente déficit de comunicación del riesgo, agrega, que incide en mayor crisis sanitaria, incertidumbre y una vida precaria que, a su vez, provoca otras externalidades y tensión creciente en la población.

La experta en comunicación política, Ruth Tapia, advierte que la comunicación es un instrumento para generar una acción y, aunque por sí sola no resuelve los problemas concretos, en una situación límite como la que vive el planeta, en nuestro país sí se ha demostrado la ineficacia para  abordar la dimensión social que refleja la pandemia. “¿Por qué no se ha logrado prevenir la expansión del coronavirus en Chile? Hay factores bien importantes a considerar: las medidas que se han tomado a nivel gubernamental, que han adolecido de una perspectiva integral de evaluar el gran problema de sociedad que tenemos en Chile, que es la inequidad y desigualdad que se manifestó en pandemia. La crisis mostró lo peor que tenemos en la sociedad chilena, sectores muy empobrecidos que viven de forma bastante precaria, con bajos recursos y que trabaja de manera informal. La comunicación no va a solucionar esto, pero sí debiera contarlo y hemos sido ineficaces en no abordar sus dimensiones sociales”, explica la académica de la carrera de periodismo de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Otra arista a la que se refiere Tapia es que hay gente que puede quedarse en su casa, ser responsable socialmente y otra que no lo ha hecho. Apunta acá a la responsabilidad de los medios de comunicación. “No hemos sido capaces como comunicadores más que de criminalizar y no de abordar el tema de una manera efectiva”, plantea. “Los periodistas hemos sido utilitarios, comunicando sólo las políticas, pero no hemos asumido este tremendo rol de generar conciencia social y comunicación con respecto a las nuevas formas de vida de acá en adelante”, dice en su autocrítica respecto a extensas coberturas denunciando a quienes no respetan las cuarentenas, con sesgos de élite dependiendo de dónde se supera el aforo: en Zapallar o Cerro Navia, una fiesta en Renca o el Hotel W, por ejemplo.

Un dilema de vida o muerte

Nueva Zelanda e Islandia, dos de los países reconocidos por la capacidad de sus lideresas para controlar esta crisis, dejaron las decisiones económicas y sociales claves para controlar los contagios en manos de comisiones científicas. La evidencia indica que en Chile la situación ha sido opuesta. Recientemente, el Colegio Médico tuvo que solicitar, vía Ley de Transparencia, información sobre el funcionamiento de una Mesa Asesora Covid-19, espacio donde se tomarían las decisiones sobre la pandemia. Sin embargo, el Ministerio de Salud respondió que esta instancia no tiene funcionamiento formal y que no contaba con actas ni integrantes. Colmed se restó de cualquier espacio de asesoría asegurando que las decisiones imprudentes, tomadas en estos espacios sin actas, ni expertos explicaban el aumento de las curvas de contagio.

“¿Por qué vamos a tener que traer expertos externos?”, respondía el ministro Enrique Paris a sus críticos mientras llamaba a las personas mayores a abrazar a sus nietos y salir a las calles “porque se lo merecen”. Mientras la mayoría de los establecimientos educacionales permanecían cerrados, justificó, además, la apertura de espacios de gran afluencia de público como Fantasilandia: “Prefiero que estén en un parque, que estén haciendo deporte, que estén trotando o que estén saliendo a caminar y no que estén encerrados en un pequeño departamento, convocaba a inicios de mes. Días antes de que se declarara el retroceso a cuarentena de 16 comunas del país.

“Ese tipo de contradicciones generan inseguridad y riesgo para todos y deslegitiman cada vez más al gobierno el que, con una aprobación bajísima, es reforzado en su falta de autoridad”, plantea la doctora en Estudios Americanos, Tamara Vidaurrázaga, quien recuerda también que muchos de los mensajes de autoridades de gobierno se han hecho por redes sociales a título personal cuestionando a los profesores “por no querer volver a clases presenciales” o invitando con confianza a la ciudadanía a salir a “tomar una cerveza o comer una empanada” volviendo a una vida más normal. La salida del ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, en medio de la polémica por la inconsistencia de cifras de contagios y muertes, fue un dato de imprecisión más en medio de un vistoso desfile de contradicciones sobre salir a trabajar con confianza en el metro abarrotado o quedarse en casa confinado ante el peor escenario posible.

La pandemia en Chile ha contribuido a visibilizar las enormes desigualdades en nuestro país. Un asunto clave para comprender por qué las estrategias implementadas no han sido capaces de controlar esta crisis, reitera el sociólogo Raúl Zarzuri. “Hay gente que tiene que salir para poder ganarse la vida, por lo tanto se trata de personas que no tienen acceso al teletrabajo, con sueldos precarios, que viven el día a día, que han sufrido el golpe del desempleo y es el grupo que ha vivido las peores consecuencias de la pandemia. Existe otro sector de la población que tiene todas las condiciones para sortear la pandemia y que no necesita salir de su casa para realizar compras o trabajar. La pandemia cambió la forma en que nos estructuramos y relacionamos socialmente. Como seres sociales necesitamos de otros, la convivencia con otros y la pandemia nos ha puesto en un dilema, cumplir o no”, explica sobre el impulso que existe detrás de los “porfiados de la cuarentena” a quienes el discurso sanitario no permea.

Desde sus casas, muchos consumidores de este discurso no filtran las noticias falsas, mitos y datos científicos acrecentando esta práctica de la mala comunicación a través de la viralización del ruido contra la vacunación, el confinamiento o el respeto a normas eficaces para aplanar la curva de contagios.

“Falta reflexionar sobre el rol de los medios de comunicación para ser un actor relevante en lo que es la formación de las personas, con buenos contenidos de salud, para que la gente comprenda. El país se encuentra en un punto de inflexión en el que la falta de implementación de campañas informativas claras y robustas son un ejemplo de la desconexión entre lo que dice el gobierno y el creciente número de contagios”, agrega la profesora Tapia, docente de la carrera de periodismo UAHC. Esta semana, la cantidad de fallecidos, según el reporte del Minsal superó la barrera de los 30 mil muertos. Por otra parte, la ONG Red Intensiva (que agrupa a autoridades y profesionales de la salud pública) lleva su propio registro, el cual supera las 38 mil, publicaron el lunes 7 de junio. ¿Otro error comunicacional?

 

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