Hechos de la causa

El terror máximo de la derecha es no lograr pasar a la segunda vuelta presidencial, donde actuarán con el mismo pragmatismo de 1964 cuando votaron por Eduardo Frei Montalva, al cual no le perdonan hasta el día de hoy la implementación de la Reforma Agraria. El terror de la derecha se expresa en transmitir terror, en esa dirección va el anuncio de retiro del 100% de los fondos de la AFP del diputado UDI Jorge Alessandri.

Francisco Bahamonde. Profesor. Punta Arenas. 20/06/2021. El triunfo electoral pírrico por la gobernación de la Región Metropolitana de Claudio Orrego y la presentación del programa de gobierno de Daniel Jadue han remecido el vertiginoso panorama político camino a la contienda de las primarias y la posterior elección presidencial de noviembre.

Se han esgrimido múltiples causas para explicar el triunfo de Orrego, sin embargo, dos hechos deben ser tomados con mayor atención: la abstención electoral y el que la derecha se volcó masivamente a apoyar al candidato demócrata cristiano.

La abstención electoral es un hecho estructural dentro del sistema político chileno desde que se instauró el voto voluntario, y ha sido funcional a los intereses de la derecha que conscientemente asiste a votar, especialmente hoy cuando ve que sus privilegios peligran. Pero el voto de derecha de la segunda vuelta por la gobernación metropolitana no fue por uno de los suyos, lo cual demuestra cuán pragmático puede resultar el terror.

El voto de derecha es de clase, se moviliza independientemente a sus partidos, pero se encuentra reducido a las tres comunas del rechazo sin expresión de ese tercio electoral que le dio sobre representación bajo el sistema binominal y en la actualidad es una manifestación de aislamiento político en un par de distritos.

El terror máximo de la derecha es no lograr pasar a la segunda vuelta presidencial, donde actuarán con el mismo pragmatismo de 1964 cuando votaron por Eduardo Frei Montalva, al cual no le perdonan hasta el día de hoy la implementación de la Reforma Agraria. El terror de la derecha se expresa en transmitir terror, en esa dirección va el anuncio de retiro del 100% de los fondos de la AFP del diputado UDI Jorge Alessandri.

La derecha al no haber obtenido el tercio en la Convención Constitucional para bloquear las transformaciones a la carta fundamental no tiene otro camino que tender puentes hacia la Unidad Constituyente. No obstante, la derecha para lograr ese puente con la Unidad Constituyente debe superar su tradicional canibalismo interno fruto de la carnicería en la que tiende a caer cuando se enfrentan sus candidatos, muestra de ello es la elección de la directiva de Renovación Nacional.

La elección de Orrego puede demostrar que no nos encontramos en un escenario de 3/3, sino de un 50/50. Hecho que puede quedar graficado en el resultado de la primera vuelta presidencial, evidencia de un equilibrio catastrófico, toda vez que los dardos de Unidad Constituyente no van hacia la derecha, fundamentalmente las críticas odiosas se dirigen a Daniel Jadue. Hay que insistir que este equilibrio sólo es catastrófico cuando se mira la política desde la perspectiva tradicional, ósea la óptica de partidos como fuerzas políticas estructuradas y coherentes.

La otra cara de la abstención es la escasa capacidad de movilización que posee Unidad Constituyente, la otrora Concertación que en un momento fue capaz de cubrir todo el espectro político, en la actualidad sólo logra el triunfo con el voto de la derecha. Lo que significa que los partidos históricos de la Concertación son contenedores sin contenido, vale decir cúpulas sin soldados para movilizar. No se puede desconocer por su historia que hay electores que se siguen sintiendo demócratas cristianos o socialistas, pero no reconocen a sus dirigentes como válidos. A diferencia de la derecha estos votos no son de clase, no se movilizan por defender sus intereses, sino por motivos sentimentales y por un pasado que han idealizado.

Cuando la precandidata presidencial socialista se declara de centroizquierda, explica el por qué no ha sido capaz de canalizar en las encuestas la votación que obtuvo su partido en las gobernaciones regionales. Si el PS se define de centroizquierda, qué queda para el PDC que sólo logra vencer con los votos de la derecha.

La presentación de las bases programáticas de Daniel Jadue remeció el tablero dejando pocos candidatos en pie. Fue un acierto comunicacional por anticiparse a cualquier otro, los demás candidatos presurosamente salieron a exponer sus ideas, pero con escasa trascendencia por lo escuálido de sus contenidos.

Las bases programáticas de Daniel Jadue nos ofrecen tres elementos centrales. Primero, se supera la máxima aylwiniana de “en la medida de lo posible” la propuesta de Jadue se plantea transformaciones estructurales en un periodo de cuatro años. Luego, las ideas programáticas se sostienen en la síntesis político-técnica de lo necesario y, de insistir, no lo posible. La medida de lo posible fue una construcción donde lo político se supedita a lo tecnocrático en el marco de conducta neoliberal. Y, por último, y tal vez más importante, es un programa abierto a la ciudadanía y las organizaciones sociales.

Este hecho es significativo porque un programa abierto nos habla de la participación de aquellos históricamente postergados en el ámbito del proceso de toma de decisiones. Y más allá de ello busca la convergencia política social que socava el decrépito sistema político chileno hoy convertido en un endeble castillo de naipes. En consecuencia, la lógica tradicional con que se ha analizado la política los últimos 30 años donde la política es desarrollada por políticos profesionales y no por el pueblo de Chile.

 

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