El CEP: el profeta de la derecha renace para alinear a sus huestes

Esa apuesta electoral de la derecha, de sus sectores más refinados ideológicamente atrincherados en el CEP, es el afán de construir puentes que les permitan reposicionar una candidatura presidencial conservadora de baja intensidad, reformista, en un pacto de “acuerdos mínimos” que no es otra fórmula que la añeja “política de los consensos 2.0” que tantos buenos dividendos le diera en las últimas 3 décadas, y que le permitan mantener la actual estructura de poder que tantos privilegios les ha traído.

Pablo Monje-Reyes. Miembro del Comité Central PCCH. 07/05/2021. “Cuando el viejo mundo muere, el nuevo mundo tarda en nacer, y en ese claroscuro intermedio surgen los monstruos”. Nunca como hoy ha tenido más vigencia esa clásica frase de Antonio Gramsci para auscultar la realidad chilena por estos días. Así, reaparecen profetas que estaban en un sospechoso letargo, en sueño y en una tensa calma larvada. El oráculo tradicional de la derecha chilena reaparece a través del Centro de Estudios Públicos -CEP- y su instrumento de influencia histórica, la nunca suficientemente mal ponderada encuesta CEP. Irrumpe tratando de condicionar la agenda pública y orientando la línea política de los actores políticos de oposición y de gobierno. Asunto que pareciera casi lograron, qué duda cabe, pues, muchas y casi todos corrieron a opinar sobre la mencionada encuesta sin mediar evaluación alguna respecto de la calidad y la representatividad de sus metodologías y resultados que, por lo demás, mostraron esta vez una calidad en su diseño técnico de una pobreza vergonzosa. Pero, los empresarios que financian el CEP saben que ellos influyen para sí y ante sí. Según datos del Informe de Resultados del Estudio COES acerca de la elite cultural, económica y política en Chile, de marzo del 2021, la elite económica (o burguesía chilena) en el ámbito de influencia de los grupos económicos, los entrevistados y entrevistadas reconocen en un 82% que tienen mucha influencia.

Los resultados de la sorpresiva encuesta CEP aparecen “oportunamente” para condicionar el debate presidencial, en el contexto de una aguda crisis política, institucional, económica y sanitaria, con una credibilidad ciudadana cercana a cero para organismos claves del Estado como son el gobierno y el Parlamento. Con una derecha política incapaz de construir una salida con algún grado de legitimidad para sus intereses de clase, y con amplios sectores de oposición socialdemócratas y socialcristianos divididos, confundidos y sin poder perfilar a sus propios candidatos y candidatas ante un pueblo cada vez más crítico de sus propuestas. Por otro lado, dos candidaturas que se consolidan cada vez más como mejor posicionadas ante la opinión pública aunque avanzan por carriles propios y diferenciados entre sí. La candidatura de Pamela Jiles que se ubica desde el manejo de los medios de comunicación y desde la farándula. Y la candidatura de Daniel Jadue que se posiciona desde el valor y mérito del hacer fructífero en la gestión de conducir gobierno local, y desde el reconocimiento a un liderazgo que construye procesos de justicia social con una mirada de futuro y de equidad para chilenos y chilenas.

La crisis política global en la que hoy naufraga Chile, a la derecha económica le preocupa de verdad, y es en este contexto que resurge el Centro de Estudios Públicos -CEP- y su medición ideológica o encuesta de percepción política ciudadana. Saben que en el centro del debate público se está jugando la continuidad del modelo neoliberal, por tanto, está en discusión el marco jurídico y la legitimidad política de sus privilegios, ese obsceno libertinaje del que han disfrutado los últimos casi 50 años con total impunidad, origen y causa de las escandalosas desigualdades que hoy caracterizan a nuestra sociedad. También saben, que el pueblo está mirando y dialogando con muy buenos ojos y mejores razones, respecto de las propuestas de construcción política antineoliberal, y que además, desde la opinión pública se cuestiona críticamente el rol de la libertad económica y de “emprendimiento” que han sustentado hasta el abuso los intelectuales orgánicos del CEP como idea de construcción social. Este discurso, divulgado hasta la majadería por la red de influencia de la burguesía chilena, el pueblo lo percibe solo como el resultado político y económico de las grandes inequidades sociales.

Pero, lo que más preocupa e impacienta al CEP y a sus financistas, constituidos desde hace casi un siglo como el cerebro ideológico de la derecha chilena, es que no están teniendo ni un mínimo de control en la conducción del proceso político en curso, por tanto, su tesis principal y su resuelta apuesta electoral para este tiempo, es arropar y apadrinar a sectores políticos distintos a la derecha política histórica, a la derecha clásica y tradicional que hoy se encuentra absolutamente deslegitimada, desprestigiada e interpelada por una ciudadanía cada vez más empoderada de Derechos y de contenidos argumentales. Esa apuesta electoral de la derecha, de sus sectores más refinados ideológicamente atrincherados en el CEP, es el afán de construir puentes que les permitan reposicionar una candidatura presidencial conservadora de baja intensidad, reformista, en un pacto de “acuerdos mínimos” que no es otra fórmula que la añeja “política de los consensos 2.0” que tantos buenos dividendos le diera en las últimas 3 décadas, y que le permitan mantener la actual estructura de poder que tantos privilegios les ha traído. En síntesis, el pueblo chileno debe estar muy alerta, porque la verdadera burguesía chilena ha entrado en escena y se la jugará hasta el final por mantener sus condiciones de impunidad para sus privilegios usureros, de esto no cabe duda, aunque su propuesta pública no sea una candidatura presidencial propia como derecha política, porque están buscando una nueva o nuevo administrador del Palacio de la Moneda con un o una gobernante de baja intensidad. Lo que está por verse, es si el pueblo chileno cae en la trampa del travestismo político o se encamina con decisión y convicción por los caminos de la justicia social y por los cambios estructurales que nuestro país reclama.

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