Debe haber “sintonía entre los sectores transformadores”

Marcos Barraza, convencional comunista, definió así la posibilidad de acuerdos entre el Frente Amplio, la Lista del Pueblo y el PC en el funcionamiento de la entidad que redactará la nueva Carta Magna. “Lo cual nos impone el desafío de establecer acuerdos de mediano y largo plazo”, enfatizó.

Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 05/07/2021. ¿Cómo se expresó la correlación de fuerzas en la Convención Constitucional el primer día, cuando hubo que elegir la presidencia y vicepresidencia?

Si uno suma los votos de la constituyente Elisa Loncon, electa presidenta de la Convención, y suma los votos de la constituyente Isabel Godoy, estamos hablando de una mayoría muy contundente respecto a las transformaciones que tiene que experimentar Chile a partir del cambio constitucional. La primera gran conclusión es que en materia de plurinacionalidad, de derechos políticos, económicos, sociales y culturales de los pueblos originarios, expresado entre otros puntos en libre determinación, autonomía, estatutos territoriales, hay una mayoría al interior de la Convención que tiene la voluntad de provocar esos cambios, de redefinir el carácter el Estado en Chile.

Se analizó que, al final de cuentas, se produjo un acuerdo entre las y los convencionales del Partido Comunista y la Lista del Pueblo, y no así con el Frente Amplio, para esas elecciones.

En general, hubo sintonía, más allá de acuerdos explícitos entre diferentes sectores. Yo hablaría más bien de sintonía entre los sectores transformadores. Lo cual, evidentemente, nos impone el desafío de establecer acuerdos de mediano y largo plazo entre esas fuerzas que tú mencionas. Creo que mucho de lo que tenemos en común con la Lista del Pueblo respecto de los contenidos y de los énfasis de las transformaciones en Chile, se expresó en las votaciones.

Ustedes plantearon que debe ampliarse la cantidad de integrantes de la directiva de la Convención, que hoy tiene presidencia y vicepresidencia. Pero se dice que eso es repartirse cargos, es querer dejar a todos los sectores contentos…

No, de ninguna manera es así. Lo que se define en lo formal con la normativa que hay, es una presidencia y una vicepresidencia de la Convención, pero eso no se condice la diversidad de fuerzas políticas y sociales que tienen participación en la Convención. Supeditar el funcionamiento de la Convención a dos personas no daría cuenta de esa diversidad, de esa pluralidad y, por el contrario, lo que se requiere es dotar a la convención de representatividad y capacidad de gobernabilidad. Ampliar la mesa directiva de dos a siete personas, y además hacerla rotativa, idealmente que puedan ser tres mesas distintas en el período de funcionamiento de la Convención, le dará mayor estabilidad a su funcionamiento.

En la instalación y primera votación se vio en absoluta minoría a los sectores conservadores y de la derecha. En esa situación, hace tiempo hablaron de llegar a acuerdos con convencionales de la ex Concertación para tener el tercio o más que necesitan para vetar o bloquear transformaciones. ¿Eso será posible, mantendrán esa absoluta minoría?

Efectivamente este domingo la derecha fue una minoría, es indiscutido aquello. No tuvo capacidad de reacción frente a las fuerzas transformadoras. Sin embargo, no se puede actuar con excesiva confianza. La derecha ha expresado a través de sus vocerías constituyentes la idea de detener mayorías dinámicas para obstruir transformaciones, ante la imposibilidad de haber obtenido el tercio que impide avanzar en cambios reales. Puede que haya materias donde puedan tener ese tercio, a partir de sus vínculos con sectores neoliberales. Es un riesgo. Por eso es tan importante no actuar con autocomplacencia respecto de que somos una mayoría indiscutida, y no dejar de trabajar por suprimir la regla de los dos tercios para aprobar contenidos, eso es fundamental.

A propósito, ¿cómo ve la discusión del reglamento de la Convención, lo que incluye esto de los dos tercios?

Vamos a ver las normas básicas de funcionamiento, después tenemos que ver el planteamiento de las prisioneras y prisioneros políticos, que es una gran conclusión del día inaugural. La Convención se está haciendo cargo del dolor que tiene Chile, de que existan prisioneras y prisioneros políticos…

Pero se critica que la Convención no tiene facultades respecto a ese tema, no puede indultar, por ejemplo.

De acuerdo a la normativa, efectivamente no es facultad, pero creo que si la Convención emite un pronunciamiento hacia los poderes del Estado, a través del Poder Ejecutivo, para que se establezca urgencia respecto a la ley de indulto, y sobre reparación a las víctimas de la represión y violación de derechos humanos, y se extiende el pronunciamiento hacia el Poder Legislativo, se ejercerá una influencia para avanzar en aquellos temas. La Convención tiene la legitimidad y la representación para hacer eso.

Volviendo a lo del reglamento, ¿sigue siendo lo principal eliminar los dos tercios para aprobación de contenidos constitucionales?

El reglamento tiene normas de probidad y transparencia que nos permiten actuar con la máxima ética. No hay que olvidar que parte del descrédito que tiene el sistema político en Chile, tiene su origen en la relación espúrea entre los negocios y la política. Hay que actuar de manera preventiva. Incorporar medidas de probidad y transparencia suficientes, incorporar cuestiones como liberación del secreto bancario de las y los convencionales, fijar un mecanismo de participación popular amplio, popular, deliberante e incidente, son materias tan relevantes como la modificación de los dos tercios.

¿Cómo evalúa las marchas y las movilizaciones por el centro de Santiago el día de la inauguración de la Convención e incluso ese enfrentamiento que hubo en calles aledañas a donde ustedes debían sesionar?

Creo que el 4 de julio hubo un desborde popular en las calles bajo la alegría de que se esté iniciando este proceso constituyente, con la expectativa de que Chile pueda cambiar y para bien. Yo tuve despedida de mi antiguo trabajo y todas las trabajadoras y trabajadores estaban con esta expectativa, esta esperanza, de que la Constitución traerá dignidad a las personas, igualdad, calidad de vida, derechos. Eso se expresó el domingo en la movilización, en las calles, que fue espontánea, independiente de marchas programadas por fuerzas políticas, y esa movilización dio cuenta de que Chile no es que ya cambió, sigue cambiando.

Algo muy puntual. A muchas y muchos les llamó la atención de que en la instalación de la Convención se vieron ausencias de protocolos, de formalidades, de órdenes, como cuando asume el Presidente de la República, o el Parlamento o hay otro tipo de ceremonias institucionales. De repente todo era más espontáneo, hasta como desordenado y ni hablar de la presencia de pueblos originarios con sus vestimentas, de los pañuelos verdes feministas. Apuebl algunos les debe haber molestado.

Es que el protagonista fue el pueblo de Chile. Contradiciendo esta lógica republicana de la formalidad, de la elite, y en buena hora que así haya sido. Lo que ahí se expresó fue la diversidad del pueblo, y que la gente se sentía parte y responsable de este proceso. Que haya habido manifestaciones en las afueras del Congreso, dio cuenta de esa total sintonía, de esa total responsabilización, de esa expectativa popular, porque esta Constitución inicia una nueva trayectoria y refunda el país. Eso, en término de los símbolos, es contrario a ese conservadurismo de la etiqueta y, por el contrario, da cuenta de un Chile que puja desde lo popular. Aquí están en resignificación las categorías de análisis culturales.

 

 

 

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