DEBATES. Paula Narváez no es Michelle Bachelet

La distancia comunicacional con Michelle Bachelet y convertir en indeseables a los comunistas y trajinar al FA. ¿Alguien puede pensar que la opinión pública que presenció todo quedó convencida?

Gonzalo Magueda. Periodista. 20/05/2021. Los dos fueron voceros de Michelle Bachelet. Y ahora aparecieron con una inmensa  distancia comunicacional con la ex presidenta. Recurrieron al tono discursivo tradicional y agresivo, esta vez para irse con todo contra el Partido Comunista y el Frente Amplio (más bien contra Convergencia Social y Comunes, porque tienen lazos de varios tipos con Revolución Democrática). Paula Narváez y Álvaro Elizalde, al cerrar esta columna, completaban 20 horas convirtiendo en indeseables a los comunistas y trajinaron a los del Frente Amplio. En contra punto, establecieron (revisar sus declaraciones) que el Partido Socialista no se equivocó en nada, accionó bien en todo, fue el bastión de la unidad, y además, fue víctima engañada, defraudada, afectada.

¿Alguien puede creer, sincera y realmente, que así se escribe este episodio del fracaso de primarias de la izquierda con la socialdemocracia? Es decir, en lo ocurrido, cien por ciento responsabilidad del PC y el FA, cien por ciento exculpado el PS.

Las cosas llegaron a puntos críticos. Narvaéz, en los hechos, no en la ficción, usó el discurso de la derecha y espetó que los comunistas y la izquierda no dan garantías de gobernabilidad. Elizalde dijo que esos sectores son excluyentes, como el formato institucional dictatorial, se definió como el auténtico heredero de Salvador Allende, advirtió que a su partido nadie lo cuestiona. Una personera, al parecer ahora socialista, llegó a decir que Daniel Jadue y Gabriel Boric son machistas, anti feministas y patriarcales. En las redes sociales (es cosa de revisarlas) decenas de socialistas arremetieron contra el PC, les dijeron que gracias a ellos, el PS, tuvieron cupos parlamentarios y pudieron estar en el gobierno de Bachelet. Narvaéz le dijo, nada más y nada menos que a Jadue, que era un miedoso, que por eso no iba a la competencia…La catarata de insultos, agresiones, descalificaciones, es enorme.

La verdad que en las lides políticas no es primera vez que hay situaciones tan difíciles como incómodas, pero pocas veces se pudo ver este tono hostil, agresivo y destemplado. Recordó las formas tradicionales de hace años, con esos tonos de pelea desbocada. Algo en lo que, por ejemplo, Michelle Bachelet nunca se metió. Este es otro ejemplo elocuente de que Paula Narváez no es Michelle Bachelet.

Para muchos, era una anomalía que después del triunfo categórico de las fuerzas antineoliberales y de izquierda, se buscara un acuerdo con colectividades del conglomerado que sufrió una debacle, y con lo sucedido, las cosas volvieran a su lugar. No es menor que el centro del debate girara en torno del PPD, y el ex canciller Heraldo Muñoz, un partido a la baja en las últimas elecciones de todo tipo, con un candidato presidencial que, en promedio, tenía un 1% de respaldo, con los dos pies metidos a fondo en el proyecto concertacionista hoy llegando a su fin, y que siempre se ha opuesto a transformaciones estructurales en el país.

A muchos les sorprendió la forma comunicacional de Paula Narváez. Obviamente pudo establecer lo mismo, con otro lenguaje. No se vio renovada ni como expresión de nuevo liderazgo. Adoptó tonos como los de Camilo Escalona, José Miguel Insulza, Jorge Burgos, Ignacio Walker. No optó por la construcción comunicacional de Michelle Bachelet. Dicen que a Narváez en esas horas se le metió la directiva dura del PS y quedó rezagado su comando; quien sabe. Elizalde ha sido agresivo en otras ocasiones, como cuando peleó rudamente por presidir su partido y después ir a la reelección, y cuando defendió a la Concertación.

¿Alguien puede pensar que la opinión pública que presenció todo quedó convencida? ¿Que la opinión pública coincidió y comprendió lo que dijeron Narváez y Elizalde? ¿Qué ganó el PS y ahora Narváez saldrá de su 2%? ¿Qué la gente presenció con gusto toda esa agresividad y descalificaciones? En definitiva, ¿quién gano con todo esto?

Hay que insistir que no se trata de los episodios de negociaciones o acuerdos, de los trajines de la política. Se trata de cómo se habla, cómo se comunica, cómo se encaran las diferencias, cómo se explican los hechos, cómo se trata al adversario, hasta donde se lleva el enojo y la rabia.

 

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