Colombia. El pueblo, arquitecto de su historia. ¡El paro no para!

El pueblo colombiano se manifiesta masivamente en calles y carreteras exigiendo un mejor vivir y la protección de sus derechos. La salida es un cambio en el modelo político y económico. Se intensifican las movilizaciones iniciadas el 28 de abril. El país vive un estallido social que estaba contenido por la pandemia. El Gobierno responde con violencia y muerte. Exigen la renuncia de Duque y una mesa de negociación con todos los sectores sociales.

Roberto Amorebieta. Semanario “Voz”. Bogotá. 05/05/2021. Tras varios días de masivas movilizaciones, el pueblo colombiano sigue en las calles. No bastó el anuncio del presidente Iván Duque del retiro del proyecto de reforma tributaria y la posterior renuncia del ministro de Hacienda y todo su equipo, para que las demandas ciudadanas se detuvieran.

La ciudadanía está harta. La motivan la rabia contenida por más de un año de restricciones y crisis económica, el desamparo de miles de familias que han caído en la pobreza, la lentísima respuesta del Gobierno a la pandemia y en particular la brutal violencia policial, dirigida no solo contra manifestantes sino contra cualquiera que pasase por ahí. Motivos para protestar, hay de sobra.

Por su parte, los medios de comunicación han expuesto la más grosera versión de sí mismos, tratando de tapar el sol con un dedo e intentando convencernos de que todo se reduce a unos cuantos desadaptados que con su violencia irracional y desmedida deslegitiman la protesta.

Con algunas excepciones, la mayoría de periodistas y de informativos se han centrado en las pocas personas que llevan a cabo acciones directas mientras ignoran de forma deliberada a las miles y miles que abarrotan las calles con sus cánticos, sus comparsas, sus performances y sus consignas. Nunca se habla de la creatividad de los manifestantes ni de las causas del paro, siempre se hace referencia a sus indeseables consecuencias.

Quiénes son

Pero más allá del comportamiento de algunos actores como el Gobierno, los manifestantes, la policía o los medios, es importante fijarse en las dinámicas de largo aliento que están emergiendo con este estallido ciudadano.

La primera pregunta que suscitan las movilizaciones es ¿quién se está movilizando? Lo que se ve masivamente en las calles de Colombia es la juventud. Son jóvenes que no pasan los 30 años y que encabezan con vigor las manifestaciones pacíficas, así como los enfrentamientos con la policía. Y en su mayoría son jóvenes pobres, jóvenes sin oportunidades y -lo que es peor- jóvenes sin perspectiva de futuro. Jóvenes que no temen salir a la calle en medio del peor pico de la pandemia porque están hartos de ser maltratados por la policía, burlados por el sistema de salud, ignorados por el sistema educativo y estigmatizados por los medios y la publicidad.

Es una generación que dejó de creer que el trabajo duro y honesto podía mejorar la calidad de vida. Se hartó de esperar una oportunidad para demostrar su valía mientras los hijos de papá eran presentados como símbolos de éxito. Se cansó de pedir que sus autoridades -las que cobran su sueldo de los impuestos que todos pagamos- la tratasen con respeto y le reconocieran sus derechos. Se dio cuenta de las mentiras que repiten los medios de comunicación y pudieron constatar a pie de calle -nunca mejor dicho- que el país de las maravillas que nos ofrecen todos los días solo está en su retorcido relato, no en la realidad.

Se cansaron de la resignación que caracterizó a sus padres y abuelos. Algunos de ellos habrán escuchado en su casa relatos sobre las luchas estudiantiles o campesinas que sus padres y madres libraron en épocas de juventud. Seguramente esa herencia de conciencia social y movilización anima hoy a muchos de quienes se encuentran en las calles y carreteras de Colombia. Pero no todos tienen ese legado que seguir.

Muchos y muchas provienen de familias que nunca han podido ver a uno de sus miembros en una universidad, seguramente nunca habrán visto un médico en persona o no tienen para pagar el bus de regreso a casa. Pero están ahí, demostrando que la rabia y la ira de esta generación puede más que el miedo a la pandemia y a la represión.

Élite desorientada

Nadie esperaba un paro tan masivo. Si bien era latente la insatisfacción general y en las redes sociales había mucho “ruido” invitando al paro, el miedo generalizado al contagio del coronavirus hacía prever que la convocatoria, si bien sería copiosa, no tendría el alcance de la jornada del 21 de noviembre de 2019.

A diferencia de lo previsto, las calles de las principales ciudades del país se llenaron de ríos de gente que expresaba pacíficamente su rechazo a la reforma tributaria y su descontento con el actual Gobierno. Los medios y los funcionarios de turno no atinaban a interpretar lo que estaba sucediendo. Días antes, Álvaro Uribe había protagonizado un ejemplo de malabarismo político al desmarcarse de la reforma tributaria y solicitar su retiro por “hacer daño al partido”, pero ya era tarde. La mecha estaba encendida y la avalancha ciudadana era imparable.

La clase dominante balbuceaba explicaciones. Los partidos políticos se alejaban del Gobierno poniendo así un alto precio a su apoyo legislativo, los medios trataban de asustar al público repitiendo una y otra vez las mismas imágenes del cajero automático en llamas o de los vidrios rotos y Uribe lanzaba trinos delirantes que aplaudían el uso de las armas contra los vándalos y llamaban a militarizar las ciudades.

Curiosamente -y sin pretender establecer una relación directa de causalidad- los trinos más incendiarios de Uribe antecedieron a hechos que luego sucedieron. Cuando Uribe pidió que la policía disparara contra los vándalos, se registró en todo el país el aumento de los ataques a bala contra los manifestantes. Cuando Uribe pidió la militarización de las ciudades, apareció Duque en televisión haciendo el anuncio. Qué curioso.

Puede decirse que el país no vive solo un momento de agitación social. Lo que está sucediendo es sin duda de mayor alcance. El orden actual, caracterizado por un remedo de democracia liberal, una economía rentística basada en el despojo y una sociedad desigual construida sobre la discriminación está haciendo agua por todas partes.

Algunos dirán que estamos ante una crisis de gobernabilidad, otros de legitimidad. Lo cierto es que estamos ante una crisis del modelo de dominación, por ello lo único que desactivará la protesta social es un cambio de modelo. No basta con que Carrasquilla o el propio Duque renuncien, porque serán remplazados por otros -u otras-. Se trata de cambiar las reglas del juego y llevar a cabo una profunda reforma estructural.

La lucha continúa

Si la hegemonía es algo que siempre está en disputa, este es un momento de una favorable correlación de fuerzas para los sectores populares y democráticos. El pueblo está en las calles y el Establecimiento está a la defensiva. La iniciativa es del pueblo. En momentos como este, la humanidad ha conquistado sus más importantes derechos. Porque, así como debe reconocerse que la lucha es larga y que los resultados casi siempre son parciales, hay ocasiones en que se presentan las condiciones para un salto cualitativo, un cambio histórico. Y este parece ser uno de esos momentos.

Por eso no hay que descuidarse. No se puede perder la conexión con la gente en las calles. Hay que promover y acompañar la organización ciudadana para que los logros puedan sostenerse en el tiempo. Vivimos un momento decisivo en la historia de Colombia.

El neoliberalismo parece emitir sus últimos estertores y el pueblo enfurecido reclama su derecho a un buen vivir. Hay que apelar al arte, a la creatividad, a la música, al amor y a la combatividad para derrotar este régimen corrupto y criminal que se tambalea.

Aprovechemos el momento, estamos haciendo historia.

¡El paro no para!

Redacción Política. Semanrio “Voz”. Bogotá. 05/05/2021. “En un primer momento fuimos por la reforma tributaria. Ahora vamos por la renuncia del presidente Duque y del ministro de Defensa por el trato militar que le ha dado a la movilización; y la ministra de Transporte quien dice que los catorce peajes nuevos van porque van. Estamos por la defensa de la vida, contra la militarización y contra el maltrato a la minga. ¡El paro continúa, el paro no para!”.

Así lo afirmó el consejero del CRIC, Darío Tote, al argumentar la continuidad e intensificación de las movilizaciones por parte de varias comunidades indígenas. Comentó que, en 12 municipios del Cauca, en Cali y Bogotá, desde el 28 de abril, han participado en marchas en compañía de estudiantes, jóvenes, trabajadores, campesinos y defensores de derechos humanos. También, que han sido agredidos por la fuerza pública.

Es que la alocución del primero de mayo en la noche, en la que el presidente Iván Duque anunció el retiro de la reforma tributaria, no inmovilizó a las organizaciones sociales. Era de esperarse, los objetivos de unas manifestaciones que iniciaron el 21 de noviembre de 2019 y que se mantuvieron con pequeñas modificaciones en 2020 en la pandemia, no se han cumplido.

Además, luego del anuncio de la Casa de Nariño de solicitar al Congreso de la República tramitar de manera urgente un nuevo proyecto fruto de los consensos, el movimiento social que convocó el paro ni los partidos políticos de oposición fueron llamados al inicio de estas reuniones.

Tampoco fue suficiente la renuncia del Ministro de Hacienda, pues el movimiento social sabe que es una jugada inocua. Por eso, la comunicación del Comité Nacional de Paro, CNP, integrado por las centrales obreras, organizaciones campesinas, indígenas y estudiantiles, entre otras, fue clara: “…con este anuncio no se desactiva la movilización. La gente, en las calles, está exigiendo mucho más que el retiro de la reforma tributaria. El gobierno, desesperado, busca reencauchar un nuevo proyecto de reforma acordado en el Congreso apoyado en toneladas de ‘mermelada’, dejando al margen a quienes hemos rechazado ese infame proyecto”.

Archivo de la reforma a la salud

Por su parte, Carlos Arturo García, integrante del CNP en representación de la Coordinadora de Organizaciones Sociales, COS, comentó que de manera unánime plantearon la necesidad de sostener el paro nacional con sus diferentes manifestaciones como bloqueos, marchas, plantones, actos culturales y cacerolazos o como los manifestantes decidan. “También estamos exigiendo el archivo del proyecto de ley 010 porque profundiza la privatización de la salud, y que se derogue el Decreto 1174 que precariza el trabajo y el salario, y que fue impuesto en el marco de la cuarentena”.

Desde otro sector, Eberto Díaz, integrante del CNP en representación de las organizaciones campesinas afiliadas a Fensuagro, explicó que siguen protestando porque no hay políticas para el acceso a la tierra: “A inicios de la pandemia pedíamos un millón de hectáreas para poner a familias campesinas a producir alimentos y hacerle frente a la crisis”. Además, demandan la desmilitarización de las zonas agrarias y soluciones reales a los cultivos ilícitos sin aspersión de glifosato. No aceptan el incremento de la pobreza en el campo, mientras se importan 16 millones de toneladas de alimentos por año.

Camioneros y estudiantes

Asimismo, los camioneros también intensificarán las movilizaciones y bloqueos: “Continúan las manifestaciones por los incumplimientos en acuerdos con diferentes gobiernos, pero también por las propuestas de incrementar los peajes y su valor; el valor de los combustibles y porque los costos de operación son mucho más altos que el valor del flete”, expresó el líder de los transportadores Manfri Parra, de Camioneros de Colombia.

A su vez, mientras conducía por las carreteras de Norte de Santander, Dagoberto Romero, un transportador de vehículo pesado, explicó a VOZ: “Al haber muchos camiones, las industrias dicen que debemos bajarle al flete y no cumplen las reglas que sacó el Ministerio de Transporte. Pagamos combustibles muy caros y nos pagan a como quieran, no hay autoridad en nuestro departamento. Las empresas se están quedando con nuestro trabajo y nuestro dinero”.

Es evidente que los jóvenes han sido los protagonistas de primer orden en las movilizaciones, por lo que en la rueda de prensa del CNP, participaron los estudiantes universitarios. Jennifer Pedraza, una de sus representantes, identificó como prioritario para el estudiantado el rechazo al Gobierno por su indolencia ante los reclamos de la sociedad.

A su vez, la estudiante Luisa Gómez, de la Unees, evidenció la indignación juvenil por la represión policial que sufren los manifestantes: “Cómo es posible que, desde diferentes declaraciones, el principal tema sean los buses, los locales, las estructuras físicas, cuando tenemos 20 muertos en las calles a manos de la fuerza pública, o personas en un cañadulzal en Cali que están corriendo porque les están disparando”. Pidió respeto por la protesta social.

Salidas al paro

El CNP reconoció que la reforma fue retirada fruto de la presión de millones de colombianos, quienes en las calles y en todo el territorio nacional han soportado la represión policial que ha dejado un saldo alto de letalidad.

No obstante, como las demandas se han hecho desde 2019 y existen incumplimientos con varios sectores como los indígenas y campesinos, y no se ha querido instalar una mesa para negociar el pliego de emergencia presentado en 2020, el paro y las movilizaciones se mantienen, y paulatinamente se suman más sectores.

Por lo anterior, dijeron que es fundamental que se garanticen las libertades democráticas, y que existan garantías constitucionales a la movilización y a la protesta, con desmilitarización de las ciudades, cese de las masacres, castigo a los responsables y el desmonte del Esmad.

Sus peticiones son las mismas que han hecho desde hace años. Una negociación con el Comité Nacional de Paro, del Pliego de Emergencia presentado en 2020 y que se resume así: Retiro del proyecto de ley 010 de salud y una masiva vacunación; renta básica de por lo menos un salario mínimo legal mensual; defensa de la producción nacional (agropecuaria, industrial, artesanal y campesina); subsidios a las MiPymes, empleo con derechos y una política que defienda la soberanía y seguridad alimentaria; matrícula cero y no a la alternancia educativa; no discriminación de género, diversidad sexual y étnica; y no privatizaciones y derogatoria del decreto 1174.

Aunque el Gobierno anunció un nuevo proyecto de reforma tributaria consensuado, solo ha tenido en cuenta a los gremios de la producción y a los partidos políticos tradicionales. Por eso, y ante la amplia gama de organizaciones, desde el movimiento social se dice que la solución a la crisis social pasa por la renuncia del presidente de la República y la instalación de una mesa de negociación nacional en la que participen todos los sectores que se están manifestando, con miras a encontrar salidas democráticas a la actual situación. La pelota está del lado del Establecimiento.

De no ser así, las movilizaciones continuarán en todo el país. Un país que no teme a la represión ni a los asesinatos de la fuerza pública. Por ahora, ¡el paro no para!

 

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