Aproximaciones a la megaelección del 15/16M

Del “estado líquido” es altamente probable que se pase a un “estado sólido” complejo. El factor del abstencionismo, que puede favorecer a la derecha. La oposición con las mayores opciones de un triunfo global.

Gonzalo Magueda. Patricia Ryan. Periodistas. “El Siglo”. Santiago. 13/05/2021. 1) Se repite hasta el cansancio que, como nunca, esta megaelección está en un “estado líquido”, es decir, resulta complicado establecer o proyectar resultados de los comicios. Un elemento, es que son tres elecciones, con un carácter muy distinto e incluso inédito en la historia del país, es decir, no se habían realizado antes: la de convencionales y la de gobernadores. Además, están incorporados factores como que hay un criterio paritario en la de convencionales, escaños reservados para pueblos indígenas y listas de independientes. Esos factores influirán en electividades. En términos cualitativos, es una elección de cargos después de la revuelta social iniciada en octubre de 2019 y con más de dos años de pandemia del Covid-19, con una profunda y extendida crisis social y económica. Chile no había estado sometido a tantas tensiones, revelaciones, demandas y cambios en las últimas décadas. Eso, se podría pensar, incidirá en cómo votarán chilenas y chilenos. Salvo contadas excepciones, ninguna fuerza se atrevió en estas semanas o meses a hacer una autoproyección; solo recurrir a la esperanza o discurso electoral de que le irá bien.

2) En todo caso, no pocos analistas y representantes de organizaciones políticas y sociales apuntan a que en estos últimos 20 meses, se produjo un descalabro en el gobierno de derecha, hay una percepción negativa de la población respecto a la gestión de la derecha (un gobierno con 6% de aprobación)  y eso podría repercutir en la votación de los partidos de ese sector. Expertos electorales y dirigentes políticos han coincidido que es difícil que la derecha supere un 30% de votación y cuando mucho llegue a un 40%. En cambio, hay datos de que apuntan a que la sumatoria de fuerzas de la oposición está casi asegurada por encima del 50%. Eso, por ejemplo, incidiría de manera importante en la elección de gobernadores, donde hay segunda vuelta, al punto que analistas de la propia derecha llegaron a decir que la oposición podría tener 10 de las 16 gobernaciones regionales. Así también, la derecha está preocupada de obtener un porcentaje que le acerque a los 2/3, que es el quórum para aprobar contenidos de la Convención Constitucional, es decir, que pueden determinar el texto de la nueva Constitución. En segmentos de la oposición, se expresa cierto optimismo en cuanto a que podría haber una sorpresa y que, sumando la votación de las listas opositoras, se podría evitar que la derecha llegue a tener una representación con capacidad de veto a través de los 2/3. Lo que aparece más abierto es el resultado en la elección de alcaldes y concejales, donde sobre todo los partidos mayoritarios están disputando los primeros lugares y los con menor porcentaje (en base a votaciones anteriores), aspiran a subir el número de electorales y al menos no disminuir.

3) Un elemento nada menor es que hay muchas previsiones de un alto abstencionismo. En las últimas elecciones llegó a entre un 50 y 60 por ciento. Hubo alcaldes, concejales y legisladores electos con menos del 3% del total de electores de su comuna o distrito, o que fueron electos con más del 50% de votos válidamente emitidos, pero donde votó el 20 o el 30 por ciento de los electores. En el plebiscito del año pasado sufragó alrededor del 50% de los 14 millones de personas con derecho a voto, y muchos analistas, expertos, parlamentarios y dirigentes mencionan que sería muy positivo que eso volviese a ocurrir. Pero varios sondeos y análisis apuntan a un 40%. Se indica que eso beneficiaría a la derecha. Por eso es que desde sectores progresistas, antineoliberales y de izquierda se está llamando a votar para elevar la participación y elegir candidaturas de ese sector. Los análisis y estudios indican que en esto del abstencionismo gravita mucho el papel de los jóvenes menores de 35 años, adultos mayores y de sectores populares (donde suele haber poco sufragio pero se elevó en el plebiscito). Por lo demás, ya se sabe que sectores conservadores levantarán un discurso de cuestionamiento del proceso si vota menos del 40% de chilenas y chilenos, sobre todo en relación a los convencionales, ya que la Convención es la que redactará la nueva Constitución y se discutiría si tendrían legitimidad con menos del 40% de representación de acuerdo al padrón electoral.

4) Varios comentaristas y analistas dicen que prácticamente ningún partido reconocerá que le fue mal en la megaelección, porque seguramente tendrán buen resultado en convencionales, o gobernadores, o alcaldes y concejales. Claro que el peor de los mundos para un partido es que los resultados le den un saldo negativo en todas las elecciones. Quizá entonces, comunicacional y electoralmente, se produzca una riña entre a quien le fue realmente bien globalmente o no le fue tan mal. En eso, por ejemplo, podría incidir el abstencionismo. Del “estado líquido” es altamente probable que se pase a un “estado sólido” complejo.

 

 

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